La presencia masiva de tarulla en varios cuerpos de agua de Barranquilla ha vuelto a encender las alarmas entre las comunidades pesqueras, que denuncian dificultades crecientes para trabajar y malos olores en sus barrios. En sectores como el caño de la Intendencia Fluvial y las entradas del río Magdalena, la planta acuática cubre extensas áreas, impide lanzar los trasmallos y obliga a los pescadores a luchar incluso para movilizarse entre el agua estancada.
“Uno no pesca nada, se pierden las redes y el agua se pudre”, cuentan habitantes del sector, quienes aseguran sentirse abandonados por las autoridades. La acumulación de tarulla, que en algunos puntos alcanza tal densidad que parece una cancha de fútbol, no solo afecta la economía diaria de las familias, sino que también genera un fuerte impacto ambiental y sanitario por la falta de circulación del agua.
Expertos explican que la tarulla prolifera en cuerpos de agua con alta carga orgánica y que factores como las brisas favorecen su acumulación en zonas específicas. Aunque en municipios como Puerto Colombia se han adelantado jornadas de recolección, en Barranquilla persiste el cruce de responsabilidades entre entidades ambientales y el Distrito. Mientras tanto, las comunidades esperan una intervención efectiva que controle la plántula y les permita recuperar su principal fuente de sustento.









