El Festival del Guandú y el Bollo de Yuca cerró su edición número 35 con la participación de 112 matronas y la asistencia de cientos de visitantes.
En Sibarco, la cocina no es solo símbolo de alimento: es historia, es encuentro y es identidad. Así quedó demostrado durante una nueva edición del Festival del Guandú y el Bollo de Yuca, una celebración que convirtió al corregimiento en punto de encuentro para exaltar los saberes del campo y la tradición culinaria del Atlántico.
Desde el viernes 30 de enero hasta ayer, el aroma del guandú y la yuca marcó el ritmo de la vida del corregimiento, mientras propios y visitantes recorrían los fogones donde las matronas ofrecían recetas heredadas, preparadas con técnicas que han pasado de generación en generación.
La oferta gastronómica incluyó sancocho tradicional de guandú con diferentes proteínas, arroz de guandú, enyucados, tortas, dulces y bebidas artesanales, elaborados como se ha hecho históricamente en los hogares de Sibarco, con ingredientes del territorio y saber campesino.
El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, destacó el valor del Festival del Guandú y el Bollo de Yuca como una expresión que protege los saberes tradicionales, fortalece la identidad cultural y dinamiza la economía rural del Atlántico.
“El Festival del Guandú y el Bollo de Yuca representa el espíritu de nuestras comunidades: tradición, trabajo colectivo y orgullo por lo propio. Desde la Gobernación seguimos respaldando estas expresiones culturales que mantienen viva la identidad del Atlántico”, afirmó.
En total, 112 matronas y hacedoras participaron en esta edición del festival, consolidando un proceso comunitario que no solo protege la tradición, sino que también genera ingresos y visibiliza el papel de las mujeres en la preservación del patrimonio cultural.

El alcalde de Baranoa, Edinson Palma, resaltó el poder de convocatoria del Festival del Guandú y el Bollo de Yuca, al señalar que, incluso bajo la lluvia constante, el evento mantuvo una alta afluencia de público y una dinámica comercial activa alrededor de la gastronomía tradicional. “Pese a la lluvia, la gente sigue llegando. En los días anteriores se han vendido todas las ollas de sancocho”, dijo.
La organización del evento está a cargo de las matronas y campesinos del corregimiento, con el acompañamiento de la Gobernación del Atlántico, y la Alcaldía de Baranoa, en una articulación que busca proteger y proyectar los saberes tradicionales.
Para Aleida Viloria Duarte, hacedora del festival, la esencia de la celebración está en la cadena del territorio. “Los campesinos cultivan el producto y luego las matronas lo convierten en recetas que sostienen el encuentro y su crecimiento”, afirmó.
Viloria también destacó el avance del festival en el tiempo: “el festival ha evolucionado bastante”, al punto de consolidar una participación masiva de mujeres vinculadas a la preparación de productos derivados del guandú y la yuca.
La tradición se defiende como una herencia familiar. Margarita Barrios Bolívar, matrona de Sibarco, lo resumió con claridad: “para que siga la tradición, no se pierda”, explicó al referirse a cómo ha sostenido este legado en su hogar.
Barrios también reivindicó el papel del campesinado en la seguridad alimentaria y en la cultura local. “Los campesinos son los que hacen todo esto”, dijo, al recordar que el festival nace del trabajo de quienes siembran y abastecen la mesa cotidiana.
El evento es organizado por las matronas, organizadas en asociaciones, y campesinos del corregimiento, con respaldo de la Gobernación del Atlántico y la Alcaldía de Baranoa, como un ejercicio articulado de protección y promoción de las tradiciones.
Bajo la lluvia y entre vapores de sancocho y ollas humeantes, el Festival del Guandú y el Bollo de Yuca confirmó que la tradición en Sibarco no depende del clima, sino del arraigo y la voluntad de una comunidad que cocina su historia, consolidándose como una de las expresiones patrimoniales más representativas del Atlántico rural









