Por: Yasher Bolívar Pérez
La boxeadora argelina Imane Khelif, campeona olímpica en París 2024, volvió a pronunciarse con firmeza frente a los cuestionamientos sobre su identidad de género, una controversia que ha trascendido lo deportivo y se ha instalado en el debate público global. Con un tono sereno pero categórico, la atleta sostuvo que no es transgénero y que sus características biológicas responden a variaciones naturales, insistiendo en que no tiene nada que ocultar y que está dispuesta a someterse a cualquier prueba médica que exijan los organismos internacionales.
Khelif explicó que, pese a poseer rasgos genéticos atípicos como la presencia del gen SRY, su fenotipo es femenino y su trayectoria vital ha sido la de una mujer desde la infancia. Reveló además que ya ha reducido de manera significativa sus niveles de testosterona mediante tratamientos hormonales para cumplir con los criterios de elegibilidad, un proceso que describió como emocionalmente desgastante, pero que —según afirmó— no altera el núcleo de su rendimiento deportivo. Para la boxeadora, el éxito en el ring no se define por la fuerza bruta, sino por la inteligencia táctica, la técnica depurada y la fortaleza mental.
La polémica, amplificada por figuras políticas y empresariales de alcance mundial, tuvo un impacto profundo en su vida personal y familiar, obligándola incluso a apartarse de las redes sociales. Aun así, Khelif mantiene intacta su ambición: competir en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y representar a Argelia con el objetivo de revalidar su título, algo inédito en la historia deportiva de su país. Mientras el Comité Olímpico Internacional prepara una decisión en el marco de su comisión sobre igualdad y diversidad, la campeona insiste en un mensaje simple y contundente: respeto a las normas, respeto a la verdad y respeto a su identidad.









