El Super Bowl LX no solo coronó a un nuevo campeón de la NFL, sino que también activó una cadena de efectos económicos que podría desembocar en la venta más costosa de una franquicia deportiva en Estados Unidos. La victoria de los Seattle Seahawks sobre los New England Patriots, que les dio su segundo título, llegó en un momento clave: la franquicia atraviesa un proceso de venta que ahora podría alcanzar cifras históricas.
El impacto financiero del triunfo comenzó dentro del campo. Cada jugador de los Seahawks recibió un premio de US$178.000, el incentivo individual más alto registrado hasta ahora en la NFL. En total, el equipo campeón obtuvo cerca de US$8 millones para repartir entre jugadores y cuerpo técnico. Por su parte, los Patriots, como subcampeones, entregaron aproximadamente US$103.000 por jugador. En conjunto, la Super Bowl distribuyó más de US$14 millones en premios deportivos.
Sin embargo, el mayor efecto económico se proyecta sobre el valor de la franquicia campeona. Según estimaciones del mercado citadas por Sportico, los Seattle Seahawks podrían alcanzar una valorización cercana a los US$8.000 millones, impulsados por el título y el fuerte crecimiento del mercado de franquicias de la NFL.

De concretarse una venta en ese rango, Seattle superaría el récord impuesto en 2023 por los Washington Commanders, cuya transacción se cerró en US$6.050 millones. El salto refleja tanto el impacto del campeonato como la acelerada inflación en el valor de los equipos de la liga.
Desde 2020, el valor promedio de las franquicias de la NFL ha aumentado cerca de 120 %, situándose actualmente en torno a los US$7.130 millones. Antes del Super Bowl, los Seahawks estaban valorados en aproximadamente US$6.600 millones, cifra que ahora podría escalar de manera significativa.
La historia de propiedad también explica esta valorización. La franquicia pertenece a la familia Allen desde 1997, cuando Paul Allen, cofundador de Microsoft, la adquirió por US$200 millones. De confirmarse una venta cercana a los US$8.000 millones, el activo habría multiplicado su valor casi 40 veces en menos de tres décadas.
Tras la muerte de Allen en 2018, la franquicia quedó bajo la administración de un fideicomiso. El grupo también fue propietario de los Portland Trail Blazers de la NBA, actualmente en proceso de venta, con una valoración cercana a US$4.250 millones, muy por debajo de lo que podría alcanzar Seattle en la NFL.









