La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) imputó por crímenes de guerra y de lesa humanidad a 22 exjefes de las extintas FARC, señalados como máximos responsables regionales de la política de secuestros aplicada por esa guerrilla durante el conflicto armado colombiano. Con esta decisión, el alto tribunal cerró la fase de investigación del macrocaso 01, uno de los más emblemáticos del sistema de justicia transicional, al documentar patrones, responsables y daños causados a miles de víctimas entre 1993 y 2016.
Según la JEP, la imputación constituye la primera radiografía judicial integral sobre los secuestros cometidos por las FARC. El proceso permitió identificar quiénes tomaron decisiones, cómo se ejecutaron las órdenes en distintas regiones y cuáles fueron los impactos diferenciados sobre personas, comunidades y territorios. El expediente recoge testimonios, informes y comparecencias que revelan prácticas sistemáticas y prolongadas de privación de la libertad.
La Sala de Reconocimiento de Verdad atribuyó responsabilidad a 15 antiguos mandos del Bloque Oriental y a siete del Bloque Sur, señalándolos como articuladores de una política criminal que se extendió por amplias zonas del país. Entre los imputados del Bloque Oriental figuran Wilmar Antonio Marín, Bernardo Mosquera, Nelson Quintero, Marco Fidel Suárez, Holmes Puentes, Marcos Alvis, Germán José Gómez, José Ricaurte Valencia, Luis Ernesto Garzón, Elmer Caviedes, Rodolfo Restrepo, Bertulfo Caicedo, Julián Saavedra, Jaime Aguilar y Gerardo Antonio Aguilar. Por el Bloque Sur fueron imputados Fabián Ramírez, Floresmiro Burbano, Darío Lee Díaz, Luis Enrique Montes, Ángel Alberto García, Ezequiel Hueguía Cruz y William Tovar Ríos.
De acuerdo con el tribunal, los exjefes deberán responder no solo por la toma de rehenes y las graves privaciones de la libertad, sino también por otros crímenes cometidos durante el cautiverio. Entre ellos se incluyen homicidio, desaparición forzada, tortura, tratos crueles, violencia sexual, esclavitud y desplazamiento forzado, conductas que agravan la responsabilidad por su carácter sistemático y por el sufrimiento infligido a las víctimas.
JEP detalla los crímenes de guerra y lesa humanidad
La investigación estableció tres patrones criminales que explican los secuestros documentados. El primero tuvo fines de financiación, mediante cobros extorsivos y presiones económicas a familias y empresas. El segundo buscó forzar intercambios por guerrilleros presos, usando a civiles y militares como moneda de negociación. El tercero apuntó al control social y territorial, con retenciones selectivas para imponer normas, castigar conductas o intimidar a comunidades enteras.
El cierre del macrocaso se produce tras siete años de trabajo judicial y una amplia participación de víctimas. En total, 4.439 personas fueron acreditadas ante la JEP y centenares comparecieron en audiencias públicas para relatar los daños sufridos, muchos de ellos durante años de cautiverio. Los relatos permitieron dimensionar afectaciones físicas, psicológicas, económicas y familiares, así como impactos colectivos en regiones golpeadas por la violencia.
En el balance general del caso, la JEP ha identificado a 63 máximos responsables de la política de secuestros de las FARC. Siete integrantes de la antigua cúpula ya fueron sancionados en septiembre pasado con penas propias de la justicia restaurativa, tras reconocer responsabilidad. Otros 34 exmandos regionales habían sido imputados en decisiones previas.
Ahora, los 22 exjefes recientemente imputados cuentan con 30 días hábiles para aceptar o rechazar por escrito los cargos. Si reconocen los hechos y aportan verdad plena, el proceso avanzará al Tribunal de Paz, donde se definirán sanciones propias que incluyen restricciones efectivas de la libertad. Si niegan responsabilidad o no contribuyen a la verdad, el caso será remitido a la Unidad de Investigación y Acusación y podrían enfrentar penas de hasta 20 años de prisión.
La decisión se inscribe en los compromisos del acuerdo de Paz y refuerza la centralidad de las víctimas en el sistema transicional. Para la JEP, el esclarecimiento judicial busca contribuir a un proceso de Paz sostenible, basado en la verdad, la responsabilidad y la reparación. En ese horizonte, la construcción de Paz pasa por reconocer los daños, sancionar a los responsables y sentar bases de no repetición.
En un país marcado por décadas de conflicto, el macrocaso 01 se convierte en un referente de justicia transicional de Paz que pretende cerrar ciclos de violencia y abrir escenarios de Paz duradera, donde la memoria y la rendición de cuentas sustituyan al silencio. El desafío, subraya el tribunal, es que la verdad judicial se traduzca en garantías reales para las víctimas y en un lenguaje de Paz que fortalezca la reconciliación nacional.









