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Una mañana de terror se vivió en el norte de la ciudad, específicamente en la carrera 43B entre calles 84 y 85. Lo que parecía el ingreso de rutina de un esquema de seguridad privada a la empresa Atenas, se convirtió en un campo de batalla donde se percutieron al menos 80 detonaciones de armamento de guerra, dejando un saldo de un muerto, cinco heridos y tres sicarios capturados.
El objetivo del atentado de alto impacto era Raúl Antonio Jiménez Montes, socio y protegido de la compañía de seguridad.
La reconstrucción de los hechos
Eran pasadas las 8:00 a. m. cuando el robusto esquema de seguridad de Jiménez Montes arribó al lugar. Dos escoltas en motocicleta abrieron la reja principal, permitiendo el ingreso de una camioneta de alta gama de la cual descendió el protegido. Un segundo vehículo blindado permaneció estacionado sobre la vía para brindar cobertura perimetral.
Segundos después, la esquina de la calle 84 se convirtió en una zona de fuego. Un comando sicarial fuertemente armado apareció en escena disparando ráfagas de fusil y subametralladora. La estrategia de los atacantes era clara: reducir desde la distancia a los escoltas ubicados en la calle para poder irrumpir en la edificación y ejecutar a Jiménez Montes.
El pánico se apoderó del sector. Transeúntes corrieron a buscar refugio en locales comerciales mientras los conductores aceleraban en contravía para escapar de las balas. En el intercambio inicial, varios custodios cayeron heridos al suelo. El guarda de seguridad Argenis Andrés Bonett Carmona perdió la vida en el lugar, mientras que sus compañeros Guillermo Márquez, Luis Granados y Henry Pérez resultaron gravemente heridos y fueron trasladados de urgencia a la Clínica Bonnadona Prevenir.
El factor sorpresa: El Gaula estaba a media cuadra
El plan de los sicarios parecía marchar a su favor, pero no contaron con un elemento del destino: una unidad del Gaula Militar Caribe de la Segunda Brigada del Ejército se encontraba a escasos 50 metros del lugar. Los comandos militares, junto a personal de la Fiscalía, realizaban a esa hora una diligencia de extinción de dominio en un predio cercano.
Al escuchar las detonaciones, las fuerzas especiales reaccionaron de forma inmediata. El teniente coronel Andrés Agudelo, comandante del Gaula Militar Caribe, relató la cinematográfica intervención:
“La tropa reacciona ante ellos, neutralizando en una reacción rápida a tres de los sujetos en coordinación con la Policía de vigilancia. Entramos en confrontación directa con los individuos, hiriendo a dos de ellos que debieron ser trasladados a centros asistenciales”.
En el operativo relámpago fueron capturados Joel Andrés Estor Gómez, alias ‘Diomedes’, Daniel De Jesús González Palmas y un menor de edad. Las autoridades incautaron en el sitio un arsenal de guerra compuesto por:
Un fusil R15 Smith & Wesson calibre $5.56\text{ mm}$ (con dos proveedores).
Una subametralladora Mini Uzi Carbine calibre $9\text{ mm}$.
Dos pistolas automáticas (marcas Glock y Taurus).
Decenas de cartuchos útiles.
En la escena del crimen, los peritos forenses recolectaron 67 vainillas calibre $9\text{ mm}$ y 13 vainillas de fusil $5.56\text{ mm}$, lo que confirma la magnitud del ataque.
El “segundo atentado”: El peligro de los falsos señalamientos en las redes sociales
Mientras la Policía Metropolitana acordonaba el norte de Barranquilla, en el entorno digital se cocinaba otra tragedia: la de las noticias falsas. A los pocos minutos de la balacera, portales informativos alternativos y páginas de crónica roja como Código Rojo empezaron a difundir masivamente la fotografía de un ciudadano identificado como Carlos Andrés Acosta, asegurando de manera irresponsable que se trataba de uno de los sicarios capturados en flagrancia.
La falsedad del rumor cayó por su propio peso cuando la policía publicó las fotos reales de los detenidos (entre ellos, alias ‘Diomedes’). Sin embargo, para ese momento, la imagen de Acosta ya se había compartido miles de veces en grupos de WhatsApp, destruyendo su reputación en tiempo récord.
“Nunca he estado detenido”
Acompañado por sus familiares, Carlos Andrés Acosta tuvo que salir públicamente a defender su vida y su honra en una entrevista concedida al medio digital El Ojo de la Calle. Visiblemente afectado por la ligereza con la que fue expuesto ante la opinión pública, Acosta desmintió categóricamente cualquier nexo con estructuras delincuenciales.
“Yo no tengo nada que ver con esos hechos. Nunca he sido detenido ni capturado por las autoridades”, puntualizó de manera enfática, buscando frenar la ola de señalamientos.
Su núcleo familiar emitió un enérgico llamado de rectificación a los medios digitales y cuentas de redes sociales involucradas en la difusión de la noticia falsa. Advirtieron que, ante la delicada situación de orden público e inseguridad que azota a la capital del Atlántico, sindicar erróneamente a un inocente de participar en un atentado con fusiles no es un simple error informativo; equivale a ponerle una diana en la espalda, arriesgando su vida y la de sus seres queridos.








