En el norte de Colombia, la línea que divide la representación democrática de la gran delincuencia transnacional volvió a borrarse. Mediante una cinematográfica operación binacional denominada “Pompeya”, las autoridades capturaron en el municipio de Uribia a Pedro Luis Cotes Bernier, conocido en los expedientes de la DEA y la Policía Nacional bajo el alias de ‘El Gallero’ o ‘Pedro Cotes’.
Cotes Bernier, quien fungió como concejal activo de Uribia en el periodo 2020-2023, no era un político convencional del Caribe; según el pliego de cargos emitido por la Corte del Distrito Sur de Florida, era el cerebro logístico detrás del envío de hasta tres toneladas de cocaína mensuales hacia Centroamérica y los Estados Unidos.
La fachada institucional y el uso de la identidad étnica
El caso de ‘El Gallero’ expone un sofisticado modelo de camuflaje. De acuerdo con las pesquisas de la DIJIN, la DIPOL y la Fiscalía, Cotes Bernier utilizó su credencial y su capital político para blindar el andamiaje del llamado ‘Clan Cotes’. La estructura lavaba los dividendos del narcotráfico infiltrando la economía local a través de fundaciones de papel, direccionamiento de contratos públicos y la administración de instituciones etno-educativas en la región.
El rastreo de la Agencia de Control de Drogas (DEA) reveló además un factor instrumental: el exconcejal aprovechaba su origen y pertenencia a la comunidad indígena Wayuu para mimetizarse dentro de las rancherías de la Alta Guajira. Este blindaje cultural y territorial le permitió evadir los radares de la Fuerza Pública durante años, convirtiendo las zonas desérticas y de difícil acceso en centros de acopio y plataformas de lanzamiento de lanchas go-fast.

El puente logístico: Entre el ELN y el Clan del Golfo
A nivel macrocriminal, la organización de alias ‘El Gallero’ funcionaba como una aduana y distribuidora al servicio de múltiples postores. El ‘Clan Cotes’ no producía la droga, sino que controlaba el paso estratégico por La Guajira de cargamentos provenientes de la convulsionada región del Catatumbo, de propiedad de las guerrillas del ELN y de las facciones del Clan del Golfo.
El dinero de las transacciones internacionales servía, paralelamente, para financiar la compra de armamento y municiones que eran entregadas a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), manteniendo una sangrienta hegemonía en el Caribe.
El cerco de la operación “Pompeya”
La caída de Cotes Bernier se venía madurando desde el año 2025. Una serie de golpes coordinados entre la Policía colombiana y agencias internacionales en República Dominicana y el norte de La Guajira lograron la incautación previa de 4.344 kilogramos de clorhidrato de cocaína, debilitando el flujo de caja del capo.
Además de la presión internacional, el exconcejal cometió el error de iniciar una violenta disputa territorial por las rutas de Maicao y Uribia contra alias ‘Naín’, jefe de las ACSN, lo que disparó las tasas de homicidios locales y dejó al descubierto sus movimientos de repliegue en las rancherías.
El coronel Elver Vicente Alfonso Sanabria, director de la DIJIN, calificó el resultado como un quiebre estructural al corazón de las redes que permean las instituciones en el norte del país. Tras su captura, ‘El Gallero’ fue trasladado en medio de un fuerte dispositivo militar hacia Bogotá. Allí, en los calabozos de la Dirección de Asuntos Internacionales de la Fiscalía, espera la firma presidencial que avale su inminente extradición rumbo a una prisión federal en los Estados Unidos.




