Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y Brasil atraviesan uno de sus momentos más tensos tras la decisión de ambos gobiernos de aplicar aranceles del 25 %, una medida que profundiza las diferencias entre las administraciones de Donald Trump y Luiz Inácio Lula da Silva.
El conflicto comenzó luego de que la administración estadounidense anunciara nuevos gravámenes contra productos brasileños, tras concluir una investigación realizada bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. Según la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR), el estudio determinó que varias políticas del Gobierno brasileño son “irrazonables” y restringen el comercio con ese país.
Entre los puntos cuestionados por Washington figuran las políticas de comercio digital y servicios de pago electrónico, los aranceles preferenciales, la aplicación de normas anticorrupción, la protección de la propiedad intelectual, el acceso al mercado del etanol y las acciones frente a la deforestación ilegal.
El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, aseguró que los nuevos aranceles buscan proteger los intereses económicos del país frente a prácticas que considera desleales.
Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, respaldó la decisión y afirmó que el Gobierno de Lula no negoció “de buena fe” durante el último año. Además, sostuvo que las políticas económicas del mandatario brasileño perjudican tanto a los ciudadanos estadounidenses como a los propios brasileños.
La respuesta de Brasil no se hizo esperar. El Gobierno de Lula anunció que activará de manera inmediata la Ley de Reciprocidad, con la que impondrá aranceles equivalentes a productos estadounidenses y adelantó que llevará el caso ante el mecanismo de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
En un comunicado oficial, la Presidencia brasileña calificó la decisión de Washington como un “hito lamentable” en las relaciones bilaterales y aseguró que no existe justificación para la medida. Además, recordó que, según cifras del propio Gobierno estadounidense, Estados Unidos ha registrado un superávit comercial de 424.500 millones de dólares en el intercambio con Brasil durante los últimos 15 años.
El nuevo pulso comercial entre las dos mayores economías del continente genera preocupación por su posible impacto en el comercio regional y en sectores estratégicos de ambos países, mientras continúa la incertidumbre sobre una eventual negociación que permita reducir las tensiones.









