Por Jaime Guzmán
Juan de Acosta vive hoy una emergencia sanitaria silenciosa pero letal. Con una población cercana a los 24 mil habitantes, el municipio enfrenta una crisis de salud pública causada por un sistema de alcantarillado inconcluso, promesas oficiales incumplidas y una obra que, pese a los anuncios reiterados, sigue sin funcionar en pleno 2026. Mientras se inauguran plazas y proyectos de embellecimiento, el saneamiento básico —la obra más urgente— permanece enterrado, inservible y altamente riesgoso.
“Aquí hablan de progreso, pero uno vive con el olor de las aguas negras metido en la casa todos los días”, relata un habitante del casco urbano.
El proyecto de alcantarillado, prometido primero para agosto de 2023 y luego para finales de 2024, nunca fue entregado de manera funcional. Hoy, la comunidad denuncia abandono institucional y una cadena de retrasos que obligan a miles de familias a depender de pozas sépticas colapsadas. El suelo ya no resiste más filtraciones de materia fecal, lo que contamina el ambiente y convierte los barrios en focos permanentes de insalubridad.
“Las pozas se rebosan, eso se filtra por debajo de las casas. Aquí los niños se enferman y nadie responde”, denuncia una madre del municipio.
La desesperación ha llevado a muchos habitantes a conectarse de forma irregular a tuberías del alcantarillado inconcluso, incrementando el peligro. Estas redes, al no tener salida ni tratamiento, acumulan gas metano, una sustancia inflamable y potencialmente mortal. Técnicos advierten que estos “tubos ciegos” pueden provocar explosiones o intoxicaciones dentro de las viviendas.
“Nos toca inventar porque nadie nos da solución. Sabemos que es peligroso, pero ¿qué más hacemos?”, confiesa un residente afectado.
El riesgo de un colapso total es inminente. Sin una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) operando al ciento por ciento, los desechos se represan bajo tierra. El peor escenario sería el retorno de aguas negras por sifones y desagües, una situación que podría desencadenar una emergencia sanitaria sin precedentes en el municipio.
“Aquí vivimos con miedo de que cualquier día el agua sucia nos salga por los baños”, asegura un vecino del sector residencial.
Las consecuencias ya se reflejan en la salud pública. La comunidad reporta brotes de hepatitis, dengue y enfermedades de la piel, mientras convive con barro, charcos y aguas servidas. El llamado es urgente y directo a la Gobernación del Atlántico, la Secretaría de Salud y los entes de control: Juan de Acosta no necesita más anuncios, necesita soluciones inmediatas.
“No queremos más promesas ni inauguraciones falsas. Queremos vivir dignamente”, concluye otro habitante.









