Atlántico

Bajo la lluvia continuó el sepelio del ser querido de 83 años

mientras que sus lamentos fueron opacados por los fuertes relámpagos que acompañaron la tormenta.

Ernilda Díaz, hija del difunto, contó que antes de salir al cementerio, llevaron a su padre a la iglesia. En ese momento el cielo estaba oscuro, pero aún no empieza la fuerte tormenta.

Cuando comenzó la misa empezó a serenar y cuando finalizó ya estaba cayendo un tremendo aguacero. El padre nos despidió e incluso la iglesia empezó a llenarse de agua, pero nosotros salimos rumbo al cementerio

Ese día el municipio de Palmar de Varela se inundó debido al desbordamiento de caños y ciénagas, dejando a unas 800 familias damnificadas.

Pero nada detuvo el cortejo fúnebre. A don Euclides había que sepultarlo ese día y unas 50 personas entre familiares y amigos lo acompañaron al cementerio.

A estas alturas, a los dolientes no les importó ensuciar su ropa con aguas negras, lo único que sí protegieron fue el cajón el cual cubrieron con un plástico blanco.

“El cajón no se podía mojar porque era madera fresca y se podía partir. Con tal que no se dañara decidimos cubrirlo y nosotros íbamos detrás. Nosotros estábamos tan angustiados que nada nos importó”, continuó relatando Ernilda.

La escena que parecía sacada de una de las novelas de Gabriel García Márquez, fue grabada por un vecino quien desde su casa se sorprendió al ver como en medio del dolor los familiares de Euclides Díaz, un hombre que dio todo por proteges a sus seres queridos de la violencia en el Carmen de Bolívar.

Sus seres amados hicieron todo para acompañarlo hasta el lugar donde ahora reposaría su cuerpo.

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