Este año, la Vía 40 se convirtió en un escenario de fuerza, memoria y orgullo cultural durante la Gran Parada del Carnaval de Barranquilla. La atención se centró en las danzas de paloteo, una de las expresiones más antiguas y representativas de esta fiesta, símbolo de unión, disciplina y resistencia cultural que ha perdurado a lo largo de generaciones.
El recorrido destacó no solo la destreza de los bailarines y el colorido de los vestuarios, sino también el profundo valor patrimonial de esta tradición. Los asistentes pudieron disfrutar de la sincronía de los palos, la cadencia de los pasos y la riqueza de los ritmos, elementos que conectan al público con la historia viva del Caribe colombiano.
La edición de este año rindió un homenaje especial a Ángela Pedroza, Edaida Orozco y Luisa Orozco, mujeres que dedicaron su vida a salvaguardar y transmitir esta danza ancestral. Su legado quedó reflejado en cada movimiento de los participantes, reafirmando la importancia de reconocer a quienes han mantenido vivas las raíces culturales del Carnaval.
Organizadores y participantes coincidieron en resaltar que el paloteo no solo es un baile, sino una manifestación de identidad que transmite valores de cooperación, memoria histórica y pertenencia. La parada también contó con la participación de jóvenes talentos y grupos locales que contribuyen a mantener viva la tradición, asegurando que las futuras generaciones conozcan y valoren estas expresiones culturales.
Con música, color y disciplina, la Gran Parada del Carnaval volvió a demostrar cómo la tradición se proyecta al mundo. La celebración de las danzas de paloteo reafirma que la identidad caribeña no solo se preserva, sino que se comparte con orgullo, mostrando al público nacional e internacional la riqueza y resiliencia de la cultura de la región.


























