Calarcá Córdoba, uno de los principales comandantes de las disidencias de las Farc, dijo que es muy difícil firmar la paz con Petro en dos años, reconoció que el internado les costó 3.000 millones de pesos y habló de las tensiones con Iván Lozada (Mordisco).
Calarcá, en su momento uno de los hombres más buscados por las autoridades, está en la mira de Iván Márquez y, al parecer, de Mordisco, en medio de la cruenta guerra que libran las Farc.
“Es un tema complejo. El problema en Colombia no surgió hace tres o cuatro años, llevamos 60 años y no lo solucionamos en uno o dos. Somos una guerrilla que nos llamamos el ejército del pueblo y nuestros planteamientos son muy grandes, verdaderamente de cambio. Y no se van a discutir en dos o tres días. Tal vez el presidente Petro tenga en su imaginación que se puede hacer, pero no lo acompaña el Gobierno que tiene”, dijo.
Sin embargo, afirmó que, si están sentados en la mesa de negociación, es porque creen que se pueden dejar avanzados varios puntos. Calarcá no ve, de momento, un ambiente político optimista para lograr los acuerdos, más allá de las buenas intenciones del presidente. “Gustavo Petro, como persona, se quedó solo”, aseguró. Incluso, afirmó que en el país “todo parece que está trancado. Estamos en un momento difícil”, agregó.
Frente a la posibilidad de que un nuevo Gobierno, en 2026, decida suspender los diálogos y enfrentarlos con las Fuerzas Militares, señaló: “Hemos enfrentado la guerra durante estos años, no nos asusta, estamos apostándole porque hay un momento, pero si llega un Gobierno que levante la mesa, no nos preocupa. Estamos demostrando que queremos la paz. Si nos cierran las puertas, nos vamos, seguimos haciendo lo que hemos hecho toda la vida”.
Según señaló, así lo dejó en claro desde la reunión inicial que sostuvo con el entonces comisionado de Paz, Danilo Rueda, quien los convocó por primera vez a una mesa de diálogo. “Le dejamos claro (a Rueda) que le íbamos a apostar a la paz, pero no arrodillados, ni entregando las armas”. ¿Algún día las entregará? “Quién sabe”, le respondió a SEMANA.
“Este es un conflicto muy largo y sé que tengo un poquito más de la mitad de mi ciclo de vida. Tan fácil no va a ser. Para acabar con el hambre, la miseria, la desigualdad, el desempleo, eso tiene pelos. Que se apaguen las armas y se dejen a un ladito, que no se disparen, es otra cosa, pero que nosotros corramos a entregar las armas, no. Por lo menos en la agenda de nosotros no está eso”.








