Por: Yasher Bolívar Pérez
La FIFA confirmó la presencia de Colombia en el Mundial de 2026 dentro del equipo arbitral, pero con una novedad que marca un punto de inflexión: la ausencia de Wilmar Roldán, histórico referente del arbitraje nacional. En su lugar, el protagonismo recaerá en Andrés Rojas, juez bogotano que ha consolidado su trayectoria en torneos internacionales desde 2017 y que ahora asume la responsabilidad de representar al país en el máximo escenario del fútbol global.
La delegación colombiana no se limita al juez central. Alexander Guzmán integrará el grupo como árbitro asistente, mientras que Nicolás Gallo formará parte del sistema de videoarbitraje (VAR), lo que evidencia una presencia diversificada en funciones clave del juego moderno. Esta configuración no solo responde a criterios técnicos de la FIFA, sino que también refleja una transición generacional en el arbitraje colombiano, que busca sostener su credibilidad en medio de cuestionamientos recientes.
Más allá de los nombres, la designación plantea una lectura de fondo: Colombia mantiene su lugar en la élite arbitral, pero lo hace desde la renovación y no desde la continuidad de sus figuras históricas. En un torneo que concentrará la atención global, el desempeño de esta terna será determinante no solo para el desarrollo de los partidos, sino para la percepción internacional de un arbitraje que intenta revalidar su autoridad en medio de nuevas exigencias tecnológicas y competitivas.








