Por: Yasher Bolívar Pérez
La crisis del fútbol italiano sumó un nuevo capítulo con la renuncia de Gennaro Gattuso como seleccionador, luego de no lograr la clasificación al Mundial 2026. La derrota en la repesca ante Bosnia y Herzegovina no solo dejó a la ‘Azzurra’ fuera de su tercer Mundial consecutivo, sino que desencadenó una serie de dimisiones en cadena que evidencian un problema estructural más profundo en la dirigencia y planificación del fútbol italiano.
Gattuso, quien había asumido el cargo en 2025 con la misión de reconstruir el equipo, optó por dar un paso al costado reconociendo el incumplimiento del objetivo. En su despedida, apeló al simbolismo de la camiseta italiana y al compromiso del grupo, pero su salida se da en un contexto donde también renunciaron el presidente de la federación, Gabriele Gravina, y el jefe de delegación, Gianluigi Buffon. Más que decisiones aisladas, se trata de un remezón institucional que refleja la magnitud del fracaso.
Con un balance de seis victorias y dos derrotas, el ciclo de Gattuso deja una paradoja: resultados aceptables en números, pero insuficientes en lo esencial. Italia, cuatro veces campeona del mundo, enfrenta ahora una crisis de identidad competitiva, donde el pasado glorioso contrasta con un presente que no logra sostenerse. La pregunta que queda abierta no es solo quién dirigirá el equipo, sino qué proyecto podrá devolverle a la ‘Azzurra’ su lugar en la élite del fútbol mundial.








