Por: Yasher Bolívar Pérez
Lamine Yamal, la joven promesa del Barcelona y una de las mayores esperanzas del fútbol español, fue desconvocado de la selección nacional justo antes de los partidos clave rumbo al Mundial 2026. La decisión generó sorpresa en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que aseguró haberse enterado de que el jugador había sido sometido a un tratamiento médico sin previo aviso al cuerpo técnico. La noticia cayó como un balde de agua fría en plena concentración del equipo.
El procedimiento, realizado por molestias en el pubis, fue comunicado a la federación horas después de haberse llevado a cabo. Desde entonces, el caso ha encendido un nuevo conflicto entre el Barcelona y la RFEF, una relación que ya venía tensa por las anteriores lesiones del jugador en convocatorias pasadas. Mientras unos piden más cuidado con el joven talento, otros critican la falta de comunicación entre club y selección.
Luis de la Fuente, técnico de España, lamentó la situación y aseguró que “nunca había vivido algo así”, aunque decidió mantener la calma y convocar a Jorge de Frutos como reemplazo. A sus 18 años, Yamal enfrenta un momento delicado: entre su recuperación física y el peso de las expectativas, el futbolista se ve en el centro de una tormenta mediática que recuerda que, incluso para los prodigios, el fútbol no siempre se juega dentro del campo.









