Por: Yasher Bolívar Pérez
En un arranque gris, sin intensidad ni claridad, el Deportes Tolima igualó 0-0 frente a Universitario de Perú en el estadio Manuel Murillo Toro, en la primera jornada del Grupo B de la Copa Libertadores. El resultado, más funcional para los visitantes que para los locales, evidenció a dos equipos contenidos, incapaces de asumir riesgos y de traducir la posesión en verdadero peligro. La noche, lejos de ser una vitrina de ambición continental, terminó convertida en un ejercicio de cautela excesiva.
El desarrollo del encuentro reflejó esa paridad estéril: pocas llegadas, escasa profundidad y arqueros casi como espectadores de lujo. La ocasión más clara del primer tiempo fue para los peruanos, con un remate de Jairo Concha que exigió a Neto Volpi, mientras que Tolima respondió con un cabezazo de Jherson Mosquera que Miguel Vargas logró desviar con solvencia. Más que un duelo de estrategias, el partido pareció una suma de intentos inconclusos, donde cada aproximación se diluía antes de convertirse en amenaza real.
En el complemento, los ajustes desde el banquillo tampoco lograron alterar el libreto. Ni el ingreso de Jersson González para los locales, ni las variantes ofensivas del Universitario cambiaron el ritmo de un partido atrapado en la intrascendencia. El empate, que deja a Tolima con la obligación de buscar puntos fuera de casa ante Nacional en Montevideo, abre interrogantes sobre su capacidad competitiva en el torneo. Porque en la Libertadores, donde cada detalle cuenta, la ausencia de audacia suele pagarse caro.









