Por: Yasher Bolívar Pérez
El Santiago Bernabéu fue escenario de una confrontación intensa, cambiante y emocional, donde el Real Madrid logró imponerse 3-2 al Atlético de Madrid en un derbi que tuvo más de batalla que de trámite. El equipo dirigido por Álvaro Arbeloa, urgido por no perderle pisada al Barcelona, encontró en Vinicius Junior la figura decisiva de la noche, en una actuación que combinó eficacia, carácter y oportunidad. El conjunto rojiblanco, por su parte, no solo compitió, sino que expuso las grietas de su rival y sostuvo el pulso hasta los últimos minutos.
El encuentro se desarrolló como una narrativa de constantes giros: el Atlético golpeó primero con una jugada colectiva que culminó Lookman, mientras el Madrid respondió desde el punto penal con Vinicius, quien además rompió su sequía histórica ante este rival. Posteriormente, Valverde aprovechó un error defensivo para adelantar a los blancos, pero un gol de alta factura de Nahuel Molina volvió a equilibrar el marcador. Cuando el empate parecía imponerse como desenlace, una transición liderada desde el banquillo terminó en el segundo tanto del brasileño, que definió con precisión para sellar el resultado.
Sin embargo, la victoria no estuvo exenta de controversia. La expulsión de Valverde en el tramo final reconfiguró el cierre del partido y desató cuestionamientos desde el lado colchonero, especialmente por decisiones arbitrales que, según sus protagonistas, no mantuvieron un criterio uniforme. A pesar de ello, el Real Madrid resistió con diez hombres y sostuvo una victoria que no solo suma tres puntos, sino que reabre el debate por el liderato. En una liga donde cada detalle pesa, el derbi volvió a confirmar que no hay certezas, solo tensiones en disputa.









