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Colombia

“Fui comerciante por vocación y narco por ambición”: La carta de Gilberto Rodríguez a sus nietos

Cuando Pablo Escobar arreciaba su ofensiva terrorista contra el Estado colombiano, uno de sus enemigos en la mafia movía las fichas para arrinconarlo. Gilberto Rodríguez Orejuela , “el ajedrecista” y enemigo público del capo, murió viejo y enfermo en una cárcel de Estados Unidos.

El jefe del cartel de Cali falleció la noche del martes, 1 de junio, a los 83 años mientras pagaba una condena de 30 años en Estados Unidos, adonde fue extraditado en 2004. Rodríguez le plantó cara al temido jefe del Cartel de Medellín en una guerra con muchos muertos y millones de dólares de por medio.

Al frente del Cartel de Cali, Gilberto y su hermano Miguel, también recluido en una prisión estadounidense desde 2005, se aliaron con las autoridades para acabar con Escobar en 1993.

En sus últimos años estuvo gravemente enfermo de cáncer, uno de próstata y otro de colon, y también sufrió una hemorragia cerebral. Su familia interpuso sin éxito varios recursos para que el narcotraficante pudiera regresar a morir en su país.

Mientras se encontraba encerrado, el narco aprovechaba para escribirle cartas a su familia y a su expareja sentimental. En una de ellas, el narco les manifestó a sus nietos que la mayoría de la información que aparecía en internet sobre él no era cierta sino más bien era un hombre con más cualidades que errores.

Carta a los nietos

Querido nieto (a): Desde hace un tiempo atrás me he enterado de mucha información negativa sobre mi que circula por internet y que seguramente ustedes ya han leído. Yo he sido un guerrero y no hay guerrero sin cicatrices, cicatrices morales y cicatrices físicas, yo tengo de las dos que me ha dejado mi vida de guerrero.

Soy un hombre con muchos defectos y unas pocas cualidades. He vivido lo suficiente, 82 años, y los he vivido intensamente, he hecho de todo, he sufrido las inclemencias de la vida, pero también he tenido tiempo para ser feliz.

He sido leal y generoso con mis amigos y vertical y vengativo con mis enemigos. Amo mi familia. Soy intransigente cuando algún familiar quiere coger el camino equivocado de la delincuencia sin ninguna razón valida, porque no hay razones validas para seguir ese camino, y los que hemos transitado ese camino lo sabemos.

He amado y me han amado, he odiado y me han odiado, la vida me dio mucho y devolví algo de lo que me dio, he leído, he escrito, he pensado y he tratado de aprender a ser mejor persona cada día.

Soy sensible al amor, a la belleza, a la ternura, a la poesía, a la música, a la belleza del universo que le da su armonía, a la compasión, al perdón sincero, al que se pide sin utilizar micrófonos ni cámaras de TV ni redes sociales, creo en ese perdón que sale del alma cuando se pide directamente mirando la cara del ofendido y con el firme propósito de no repetir la ofensa.

Creo que Dios es un argumento espiritual válido que toda persona puede tener. No creo en los dioses dogmáticos de los libros religiosos. Pienso que la ética debe regir todos los actos de nuestra vida, y la moral nuestras costumbres. Creo que en aras de la armonía y las buenas relaciones sociales se debe de respetar firmemente las creencias de los demás.

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Creo en la gratitud como una virtud y un valor supremo en el ser humano, Quiero definirme ante ustedes, como un hombre que fui y soy rebelde por convicción, comerciante y negociante por vocación y fui narcotraficante por ambición, me siento orgulloso de mis dos primeras condiciones y absolutamente avergonzado de mi ultima condición. Quiero confesarles también que me he equivocado muchísimo, pero también he acertado en algunas ocasiones.

También vivo convencido, sin amargura y con divertida tranquilidad que personalmente no tengo ni presente ni futuro, lo que si me sobra es pasado y de mi pasado lo que me preocupa es lo que ustedes piensen de mi. Por lo tanto ya no pienso mucho en ser feliz, me conformo con no ser tremendamente infeliz. Que no haya tragedia en mi familia, que mis nietos y mis hijos vivan tranquilos, sin sobre saltos y sin el dolor que producen las injusticias.

El día que me toque partir me iré tranquilo y agradecido con el destino por la hermosa familia que me dio. Entonces, después de este pequeño discurso nihilista que les ruego que lean y analicen, y después lean en Internet e investiguen lo malo y lo poco bueno que debe de haber sobre mi y me hagan sus preguntas. Cualquier pregunta que ustedes me hagan será bien recibida y contestada, por dura y fuerte que sea. Y será contestada con la verdad y nada mas que le verdad así la verdad sea cruel, es una manera demostrarles mi respeto y lo que ustedes significan para mi.

Todos ustedes pueden estar seguros que he amado mi familia, que desde que era un niño de solo seis años de edad he trabajado, he luchado y me he partido el alma por mi familia.

Hoy me siento orgulloso que en medio de mi desgracia existan mis hijos, existan mis nietos como una bendición final. Los amo inmensamente,
su abuelo Gilberto.

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