Entre lágrimas, dolor y rabia contenida, Lourdes Rodríguez Contreras, madre de Valentina Cepeda Rodríguez, enfrentó este lunes al hombre señalado como responsable de la muerte de su hija. El momento ocurrió en la entrada de la URI de la Fiscalía en Barranquilla, justo cuando Álvaro Felipe Rivera Ramírez descendía de un vehículo oficial, escoltado por agentes del CTI.
“No te va a alcanzar la vida para pagar por lo que hiciste”, le gritó la mujer, mientras lo miraba fijamente. “Mírame a los ojos, asesino: soy la mamá de Valentina”, añadió, en una escena cargada de impotencia, tristeza y clamor de justicia.
Rivera Ramírez, de 45 años, fue pareja sentimental de Valentina y hoy es señalado como presunto responsable del feminicidio de la joven de 22 años, hallada sin vida en abril de 2024 dentro de su apartamento en el sector de Villa Campestre, en Puerto Colombia.
Un caso que aún estremece
Valentina, instructora de yoga y licenciada en educación infantil, fue encontrada dentro de una habitación con una sábana alrededor del cuello. Desde el inicio, el caso generó dudas y conmoción, especialmente luego de que las autoridades reportaran hematomas en el cuello, compatibles con un surco de presión.
La versión inicial entregada por Rivera Ramírez apuntaba a un supuesto suicidio. Según su relato, habría encontrado a la joven arrodillada, usando la sábana como un columpio para ejercicios de yoga. Incluso aseguró haberle tomado una fotografía creyendo que se trataba de una broma, y que luego intentó reanimarla antes de pedir ayuda.
Sin embargo, desde los primeros días de la investigación, familiares y amigos de Valentina insistieron en que no se trató de un suicidio, recordando que días antes la pareja habría protagonizado una fuerte discusión con presuntas agresiones físicas.

Justicia en curso
El clamor de la madre de Valentina se suma al de una familia que, durante meses, ha exigido respuestas claras y justicia. La captura de Rivera Ramírez reaviva la esperanza de que el caso avance hacia el esclarecimiento total de los hechos y una eventual condena.
Mientras la investigación continúa, el rostro del dolor materno quedó marcado en la entrada de la Fiscalía: el de una madre que no olvida, no perdona y exige que la muerte de su hija no quede impune.









