Durante una tensa sesión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), el embajador de Estados Unidos ante el organismo, Leandro Rizzuto, aseguró que su país no invadió Venezuela, sino que ejecutó una “acción concentrada” con el objetivo de capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, a quienes calificó como “un criminal acusado y su co-conspiradora”.
Según Rizzuto, la operación militar estadounidense tuvo como único propósito llevarlos ante la justicia de Estados Unidos y, afirmó, “no se lanzó a la ligera”, sino tras una evaluación detallada de los riesgos y objetivos.
Sin embargo, su intervención fue abruptamente interrumpida por una asistente a la sesión, quien cuestionó duramente la versión de Washington y acusó a Estados Unidos de ejecutar una acción que no se enmarca en la defensa de los derechos humanos ni en la promoción de la democracia, sino en intereses económicos ligados al petróleo venezolano.
La interrupción generó incomodidad en el recinto y evidenció la profunda división que existe entre los Estados miembros frente a la operación estadounidense en Caracas, que ha desatado una ola de reacciones diplomáticas en América Latina.
Mientras Washington insiste en que se trató de un acto de justicia internacional, varios países han advertido que el uso de la fuerza en territorio venezolano sienta un precedente peligroso y podría agravar la inestabilidad regional.




