La cooperación internacional alcanzó un nuevo hito con ‘Liberterra III’, una operación coordinada por Interpol que culminó con 3.744 capturas en más de 100 países. Sin embargo, más allá de las cifras, los hallazgos revelan un panorama inquietante sobre cómo operan las redes criminales y los riesgos crecientes para migrantes y víctimas de explotación.
En España, la investigación desmanteló una red que vinculaba trata de mujeres con tráfico de drogas. Las víctimas, sometidas a vigilancia constante y deudas impuestas, evidencian cómo la explotación sexual se camufla bajo negocios legales como salones de belleza y masajes. Este caso, según Interpol, refleja la sofisticación con la que las redes logran operar en ciudades europeas.
En América Latina, los casos revelan un perfil aún más perturbador. En Costa Rica, menores fueron coaccionados para producir material sexual, mientras que en Brasil, una red transnacional movía migrantes a través de varios continentes, con activos valorados en más de un millón de dólares congelados por las autoridades. Perú también fue escenario de operaciones que involucran menores venezolanos traficados hacia Chile, mostrando que las rutas criminales atraviesan fronteras con impunidad aparente.

David Caunter, vocero de Interpol, resaltó que estas redes se han adaptado a los cambios en políticas migratorias y a la presión policial, invirtiendo rutas y aumentando costos y riesgos para los migrantes. También alertó sobre la ampliación del fraude documental, donde se usan tanto documentos falsos como auténticos obtenidos de manera ilegal.
Si bien ‘Liberterra III’ permitió evitar la explotación de más de 4.000 personas, los expertos advierten que la trata y el tráfico de migrantes es un negocio que se transforma constantemente. Las autoridades destacan la necesidad de involucrar al sector privado y coordinar esfuerzos internacionales para prevenir que más personas caigan en manos de estas redes.
Esta operación evidencia que la lucha contra la trata de personas y la inmigración ilegal no es solo un desafío legal, sino un problema de derechos humanos, economía ilícita y seguridad global.









