El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha prometido incentivos y mecanismos de compensación para las petroleras que inviertan en Venezuela, buscando revitalizar un sector estratégico en 18 meses. Sin embargo, la industria energética mantiene sus reservas debido a la incertidumbre política, falta de claridad en el apoyo y la crítica situación de la infraestructura venezolana.
Tras la captura del líder venezolano Nicolás Maduro, Trump anunció que reembolsaría a las empresas que inviertan en el país, mientras el secretario de Energía, Chris Wright, indicó que se está llevando a cabo un diálogo activo con compañías de gas y petróleo sobre posibles mecanismos de compensación.
No obstante, expertos advierten que la producción petrolera venezolana, con cerca de 28.000 pozos inactivos, requiere inversiones millonarias para recuperarse. Desde enero de 2008, cuando se producían 3 millones de barriles diarios, la extracción cayó a 963.000 barriles en diciembre de 2025, según Standard & Poor’s.
Diego Rivera Rivota, investigador del Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia, señaló que aunque Trump promueva el lema “drill, baby, drill”, la recuperación dependerá de decisiones privadas de las compañías, que evalúan inversiones a largo plazo, de 10 a 25 años.
El mayor desafío sigue siendo la incertidumbre política. Aún no está claro cuánto tiempo permanecerá el gobierno de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela, y la política estadounidense podría cambiar tras las elecciones de 2028. Además, las empresas recuerdan las expropiaciones del chavismo, con cerca de 60 procesos de arbitraje por hasta 30.000 millones de dólares desde el año 2000.
A pesar de estas advertencias, la administración Trump continuará promoviendo su estrategia. Este viernes se reunirá en la Casa Blanca con empresarios energéticos, buscando consolidar el control estadounidense del petróleo venezolano y abrir oportunidades de inversión, aunque hasta ahora el entusiasmo del sector ha sido limitado.









