La decisión de Estados Unidos de retirarle la visa al presidente Gustavo Petro desató un fuerte oleaje político en Colombia. Expresidentes, precandidatos presidenciales y empresarios coincidieron en cuestionar la actitud del mandatario y le exigieron un manejo responsable de las relaciones bilaterales. Para Iván Duque, la medida refleja la “conducta irracional” de Petro y un desprecio por dos siglos de vínculos diplomáticos.
El expresidente Álvaro Uribe subrayó que la sanción va dirigida contra Petro y no contra la nación, mientras que figuras como Claudia López y Juan Manuel Galán calificaron sus declaraciones en Nueva York como un “show de agitador” y un cruce de “líneas rojas” que dañan la institucionalidad. Empresarios como Bruce Mac Master advirtieron, por su parte, que los costos de esta tensión podrían ser “inmensos” para los ciudadanos si no se corrige el rumbo.
Desde el oficialismo, el ministro del Interior, Armando Benedetti, defendió a Petro y señaló que el verdadero sancionado debía ser el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, por la guerra en Gaza. La confrontación revela un escenario complejo: mientras el presidente se aferra a la narrativa de dignidad y soberanía, la oposición denuncia que la política exterior colombiana se maneja con imprudencia, dejando en entredicho la estabilidad de una relación estratégica con Washington.












