La campaña ya dejó de moverse solo en tarimas, caravanas y discursos. En el municipio de Purísima, Córdoba, un seguidor llevó su respaldo a Abelardo De La Espriella hasta la piel: se tatuó el rostro del candidato presidencial y desató una oleada de reacciones en redes, en un momento en que la contienda rumbo a 2026 sube de temperatura. Abelardo De La Espriella aparece hoy en la carrera presidencial y ha presentado propuestas de campaña en días recientes.
La imagen del tatuaje circuló acompañada de la frase “Él sí está, firme por la patria”, un mensaje que muchos leyeron como una muestra extrema de adhesión política. El episodio no tardó en instalarse en la conversación digital, justo cuando De La Espriella se mantiene como una de las figuras visibles del bloque de derecha en la disputa electoral.
La escena abrió una discusión incómoda, pero reveladora. Para unos, se trata de una expresión libre de respaldo ciudadano. Para otros, es una señal de cómo la política empieza a rozar zonas de fanatismo, donde la devoción por un candidato supera el debate de ideas y se convierte en símbolo personal.
En Córdoba, donde el clima electoral ya se siente con fuerza, el caso prendió con rapidez porque mezcla identidad, militancia y espectáculo. Eso hoy pesa. Una imagen basta para mover la conversación pública, polarizar posturas y poner a circular un mensaje con más potencia que muchos actos de plaza.
Lo de Purísima deja una señal clara: la política entró de lleno en la lógica de lo viral. Ya no se juega solo en la calle ni en los micrófonos. También se libra en el impacto de una foto, en el gesto que sacude las redes y en la capacidad de un candidato de convertir una escena insólita en combustible político.









