En una escena impactante que recuerda tiempos pasados, decenas de hombres se internaron sobre una estructura improvisada de madera y sacos para contener la fuerza de un río crecido que amenazaba con arrasar cultivos, viviendas y vías rurales en el departamento de Córdoba.
Sin maquinaria pesada ni grandes recursos, la comunidad decidió actuar ante la emergencia. La estrategia fue tan artesanal como arriesgada: construir un muro de contención con estacas de madera enterradas en el lecho del río y reforzadas con costales rellenos de arena y piedra.
Sobre la frágil estructura, organizada en cadena humana, los hombres avanzaban uno a uno clavando pilotes y asegurando la contención mientras la corriente golpeaba con fuerza. Cada movimiento representaba un riesgo, pero también un acto de determinación colectiva.
El objetivo era disminuir la velocidad del agua y desviar parte del caudal para evitar inundaciones mayores en sectores poblados y productivos. Durante horas continuas trabajaron por turnos, mientras otros habitantes abastecían materiales desde la orilla.




Más allá de la intervención improvisada, lo ocurrido refleja la capacidad de organización y resistencia de una comunidad que, ante la urgencia y la falta de soluciones inmediatas, decidió convertirse en su propia línea de defensa. La imagen de hombres sosteniéndose sobre una estructura tambaleante frente a la fuerza del agua ya es vista por muchos como símbolo de unidad y solidaridad en medio de la adversidad.









