El 70 % de los alimentos en Colombia son producidos por la agricultura campesina, familiar, étnica y comunitaria, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
•Los pequeños productores impulsan iniciativas sostenibles y dinamizan el desarrollo regional mediante el fortalecimiento de sus capacidades, con el acompañamiento de la Fundación Alpina, que les facilita acceso a insumos, infraestructura productiva y herramientas digitales.
En Colombia, los pequeños productores rurales enfrentan desafíos críticos: limitaciones en tierra, capital, tecnología, conocimiento y acceso a mercados, que afectan directamente su productividad e ingresos. Para superar estas dificultades, el fortalecimiento del liderazgo y las capacidades locales permite que las comunidades desarrollen habilidades técnicas, socioemocionales y de cooperación, planifiquen y ejecuten proyectos productivos sostenibles, se organicen colectivamente y mejoren su calidad de vida.
En La Guajira, estos desafíos se intensifican por las condiciones climáticas extremas, la dispersión geográfica y los altos niveles de vulnerabilidad social. En este contexto, la agricultura campesina, familiar y comunitaria cumple un papel esencial en la vida de las comunidades rurales, al garantizar seguridad alimentaria, generación de ingresos y sostenibilidad ambiental.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 70 % de los alimentos en Colombia son producidos por la agricultura campesina, familiar, étnica y comunitaria, lo que evidencia su papel fundamental en la seguridad alimentaria del país y refuerza la necesidad de fortalecer sus capacidades para garantizar un desarrollo rural sostenible.
Ante este panorama, Fundación Alpina acompaña a las comunidades rurales en la construcción de proyectos de vida sostenibles. Esto incluye fortalecer el arraigo territorial, garantizar seguridad alimentaria mediante producción diversificada y ecológica, fomentar la cooperación y la asociatividad para acceder a mercados estables, y fortalecer el poder de las mujeres rurales, promoviendo su participación activa en la organización comunitaria y productiva.
Mediante procesos adaptados a cada territorio, los campesinos desarrollan autonomía en la gestión de recursos, mejoran su productividad y acceden a mercados, al mismo tiempo que implementan prácticas sostenibles y generan impactos positivos en su entorno y bienestar comunitario.
Para lograrlo, Fundación Alpina utiliza la metodología SER RASSA (Sistema de Extensión Rural), enfocándose en cuatro áreas clave: producción sostenible, prácticas alimentarias, asociatividad productiva y el poder de la mujer rural. Todo este trabajo se organiza en la “Caja de Herramientas RASSA”, una guía práctica que fortalece capacidades sociales, técnicas y productivas en el campo.
Los productores también cuentan con acceso a insumos, infraestructura productiva y herramientas digitales para monitoreo agroclimático y de mercados. Los procesos de seguimiento y evaluación permiten medir avances en capacidades, organización y autonomía, consolidando el liderazgo de las comunidades y su capacidad para desarrollar proyectos de vida sostenibles que transformen sus territorios.
“El liderazgo local es clave. Cuando los pequeños productores fortalecen sus capacidades y toman decisiones sobre sus propios proyectos, no solo mejoran su productividad, sino que también generan un impacto duradero en sus comunidades y en el desarrollo sostenible de sus territorios”, destaca Camila Aguilar, Directora Ejecutiva de Fundación Alpina.
Los programas de fortalecimiento rural de Fundación Alpina se implementan en regiones estratégicas como La Guajira, adaptándose a la cultura, geografía y recursos de cada comunidad. Gracias a estas intervenciones, las comunidades avanzan en prácticas sostenibles, organización productiva, liderazgo femenino y acceso a mercados, consolidando su autonomía y resiliencia. Así, el liderazgo local no solo fortalece las iniciativas productivas de los pequeños productores, sino que se consolida como una apuesta concreta por el desarrollo sostenible del territorio y por un campo más equitativo y próspero para La Guajira.









