En el español no existe palabra alguna que defina la muerte de un hijo. La escritora colombiana Piedad Bonnet lo define en su libro como “lo que no tiene nombre”, por la fragilidad de cualquier vida.
En su profundo dolor Hortensia, una mujer cuyo hija murió por ahogamiento, decidió enfocar lo vivido, para honrar la memora de su hija, y ser una abanderada en Colombia para generar la “cultura de prevención del ahogamiento y accidentes en la primera infancia”, y de ahí el loable trabajo que realiza junto a otras familias con la Fundación Mariana Novoa.
Lina Villamil, coordinadora general de esta organización aseguró que cada 48 horas un menor pierde la vida en Colombia por ahogamiento. Esta cifra es muy alta, por lo que se deben generar espacios de concientización.
Según cifras de la OPS/OMS, los ahogamientos han causado más de 2,5 millones de muertes en los últimos 10 años. El 90% de las muertes “ocurren en países de bajos y medianos ingresos. A nivel mundial, las tasas más altas de ahogamiento ocurren entre los niños de 1 a 4 años, seguidos por los niños de 5 a 9 años”.
Se calcula que en el mundo mueren cada año 236,000 personas por ahogamiento. Y aunque las estimaciones mundiales subestimen la magnitud del problema, falta una política que enfrente la dificultad en la salud pública.
Esta semana se conmemora el Día Mundial para la Prevención de los Ahogamientos, por lo que la OPS advierte que el riesgo es mayor en niños, varones y personas con fácil acceso al agua.
El mensaje es crear conciencia sobre seis intervenciones de prevención de ahogamiento de bajo costo, para reducir drásticamente el riesgo de ahogamiento.









