Por: Yasher Bolívar Pérez
El exciclista español Óscar Freire, tres veces campeón del mundo en ruta, fue condenado a nueve días de localización permanente tras admitir un delito leve de vejaciones injustas contra su expareja, en medio de un proceso de divorcio. La decisión judicial, emitida por el Tribunal de Instancia de Torrelavega, también establece una orden de alejamiento que le prohíbe acercarse o comunicarse con la denunciante a menos de 200 metros durante seis meses, en un fallo que quedó en firme tras el acuerdo entre las partes.
Los hechos, según la sentencia, ocurrieron a la salida de una misa y en presencia de terceros, cuando Freire profirió expresiones que alteraron la tranquilidad de la víctima y vulneraron su integridad moral. El exdeportista reconoció su conducta en un juicio rápido, allanándose a la pena solicitada por la Fiscalía y respaldada por la acusación particular, lo que permitió cerrar el proceso sin mayores dilaciones judiciales.
Este episodio se produce en un contexto personal ya expuesto públicamente, luego de que en 2025 su entonces esposa denunciara su desaparición temporal ante la Guardia Civil, hecho que posteriormente fue aclarado por su entorno familiar. Hoy, lejos de los logros deportivos que marcaron su carrera, Freire enfrenta un escenario donde su nombre se asocia no a victorias, sino a responsabilidades legales derivadas de su conducta en el ámbito privado.









