Por: Yasher Bolívar Pérez
Irán anunció que el estrecho de Ormuz permanecerá “totalmente abierto” durante el alto el fuego vigente con Estados Unidos, una decisión que busca aliviar tensiones en uno de los puntos más estratégicos para el comercio energético mundial. “Se declara totalmente abierto el paso de todos los buques mercantes”, afirmó el canciller Abás Araqchí, al detallar que la navegación seguirá rutas coordinadas oficialmente por las autoridades marítimas iraníes.
La medida se enmarca en una compleja negociación regional que incluye la tregua en el Líbano, condición clave dentro del acuerdo más amplio entre Washington y Teherán. Sin embargo, la reapertura contrasta con la realidad operativa: el tránsito de embarcaciones ha disminuido, evidenciando que la confianza en el corredor no se restablece con declaraciones, sino con garantías sostenidas de seguridad en una zona históricamente volátil.
En paralelo, Estados Unidos mantiene restricciones sobre buques vinculados a puertos iraníes, lo que introduce una paradoja en el escenario: apertura declarada, pero circulación limitada. En ese equilibrio inestable se juega más que la movilidad marítima; se disputa el control simbólico y real de una arteria por donde transita cerca del 20 % del petróleo global, donde cada decisión política tiene efectos inmediatos en la economía internacional.









