La madrugada en el barrio El Vergel, en Cali, quedó marcada por el silencio posterior a los disparos. Lo que comenzó como un patrullaje rutinario terminó en una escena de dolor irreparable para la Policía Nacional y para una comunidad que aún intenta entender la rapidez con la que la violencia irrumpió en una esquina cualquiera.
El patrullero José Fernando Erazo Quintana, de 37 años, realizaba labores de vigilancia preventiva en la carrera 32A con calle 46 cuando observó a un hombre con actitud sospechosa. En cumplimiento de su deber, procedió a solicitar una requisa de rutina, un procedimiento cotidiano en su labor diaria de control ciudadano.
Fue entonces cuando, según los primeros relatos recopilados, se produjo un breve intercambio que quedó grabado en la memoria de los testigos. El sujeto, negándose a la inspección, habría pronunciado una frase que antecedió la tragedia: “Déjame sano”. Segundos después, desenfundó un arma de fuego y disparó a quemarropa contra el uniformado.
El patrullero cayó herido en el lugar, mientras sus compañeros acudían de inmediato para auxiliarlo. Erazo Quintana fue trasladado de urgencia al Hospital Carlos Holmes Trujillo, donde el equipo médico luchó por estabilizarlo. Sin embargo, la gravedad de las heridas fue irreversible y su fallecimiento fue confirmado poco después de su ingreso.
La noticia se extendió rápidamente entre sus compañeros de institución, generando consternación en la unidad policial y dolor en su entorno familiar. En el sector de El Vergel, los habitantes expresaron rechazo e indignación por el asesinato de un servidor público en medio de su labor de protección comunitaria.
Tras el hecho, la zona fue acordonada por unidades de la Policía, que desplegaron un operativo para dar con el responsable, quien huyó inmediatamente después del ataque. Las autoridades adelantan la revisión de cámaras de seguridad y la recolección de testimonios para reconstruir lo ocurrido e identificar al agresor.
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El caso quedó en manos de la Fiscalía General de la Nación, que asumió las investigaciones para esclarecer los móviles del crimen y avanzar en la judicialización del responsable.
En medio del dolor, queda el recuerdo de un patrullero que, como tantos otros, salió a cumplir su deber sin imaginar que su jornada terminaría convertida en una tragedia que hoy enluta a la institución y a toda una ciudad.









