Por: Yasher Bolívar Pérez
Oklahoma City comenzó con autoridad su serie de semifinales en la Conferencia Oeste al derrotar 108-90 a unos Lakers que nunca encontraron respuestas sostenidas, ni siquiera en una noche discreta de Shai Gilgeous-Alexander. El vigente campeón de la NBA demostró que su estructura colectiva está por encima de cualquier rendimiento individual y dejó claro, desde el primer juego, que su candidatura sigue respaldada por profundidad, defensa y una ejecución casi impecable.
Aunque el base canadiense terminó con apenas 18 puntos, su registro anotador más bajo de toda la temporada, los Thunder no sintieron el bajón gracias a la irrupción de Chet Holmgren, autor de 24 unidades y 12 rebotes, y al valioso aporte de la segunda unidad. Ajay Mitchell, Jared McCain e Isaiah Joe ofrecieron soluciones ofensivas en momentos determinantes, mientras Alex Caruso lideró la intensidad defensiva que obligó a los angelinos a cometer 17 pérdidas. Oklahoma controló el ritmo, cerró espacios y fue desgastando a un rival dependiente de acciones aisladas.
Del lado de Los Ángeles, la ausencia de Luka Doncic volvió a ser un vacío imposible de disimular. LeBron James sostuvo al equipo con 27 puntos, pero ni Rui Hachimura ni Austin Reaves lograron acompañarlo con consistencia en una noche donde el conjunto lució desconectado y errático. La frustración quedó expuesta incluso en las declaraciones posteriores, cuando Marcus Smart resumió sin rodeos el sentir del vestuario al admitir que jugaron “fatal”. Con la serie 1-0 y otro duelo programado en Oklahoma, los Lakers llegan obligados a reaccionar antes de que el panorama se incline peligrosamente.









