En lo que va de 2023, más de 41 niños y niñas menores de cuatro años fueron a UCI y siete murieron por complicaciones por el covid. Y más de 600 adultos mayores de 60 años sin vacunas murieron, según cifras del Ministerio de Salud.
Esa cartera en la era Petro se ha demorado para tomar medidas que habrían podido contrarrestar la caída de la vacunación, sobre todo en poblaciones estratégicas. Y todavía no ha permitido la entrada de vacunas bivalentes que protegen más, aunque se aplican en otros países desde hace un año. Eso, sumado a la falta de una campaña agresiva para incentivar la vacunación, han resultado en la pérdida de más de 300 mil millones de pesos.
Aunque en todo esquema de vacunación es esperable que haya un porcentaje de pérdida, el país está en el tope de lo que es aceptable: 8,6 por ciento de las dosis contra el covid aplicadas (en un cálculo conservador), que hoy puede ser de un 10,3 por ciento, pues las vacunas se siguen perdiendo. Entre un 5 y un 10 por ciento era lo razonable.
Más de la mitad de las 7,8 millones de dosis perdidas se desperdiciaron en los últimos dos meses y la principal causa ha sido por vencimiento. Lotes enteros de vacunas permanecieron guardados hasta que se vencieron, mientras la cobertura de esquemas completos y refuerzos se estancó.
El país está en riesgo de que otras cuatro millones de dosis se venzan en los próximos cuatro meses. Para evitarlo, el Ministerio de Salud, los municipios, y las EPS (entidades administradoras del riesgo en salud) tendrían que asegurar que se apliquen un millón de dosis mensuales, 28 veces las dosis que fueron aplicadas en junio.
Esta historia hace parte de una investigación regional liderada por la Red de Periodistas de América Latina para la Transparencia y la Anticorrupción (Red Palta), en la que participaron Ojo Público (Perú), Perfil (Argentina), la diaria (Uruguay), Repórter Brasil (Brasil), LaBot (Chile), Ojoconmipisto (Guatemala), Poder (México) y La Silla Vacía (Colombia). La opacidad y negativa a entregar información oficial ha sido la constante en todos los países.
El actual ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, no respondió las preguntas que le hizo La Silla sobre esta historia. Aquí cinco hallazgos que encontramos de la información suministrada por esa entidad tras una tutela.
Entre el primero de febrero de 2022 y 14 de agosto de 2023 se desperdiciaron, en total, 7,8 millones de dosis de vacunas contra el covid, según datos que entregó el Ministerio de Salud. Eso es un 8,6 por ciento de las 90,7 millones de dosis aplicadas hasta el 30 de junio de 2023.
Excluyendo las donadas, esas dosis desperdiciadas le costaron al país aproximadamente 317 mil millones de pesos (casi 83 millones de dólares), según unos precios ponderados en pesos que publicó la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) en 2022.
Durante el gobierno Petro (entre agosto de 2022 y agosto de este año) se desperdiciaron la mayoría: 7.559.179 de dosis. Excluyendo las donadas y otras para los cuales no se informó el precio, el costo de esas dosis fue de 306 mil millones de pesos (80 millones de dólares).
En el primer año de pandemia, entre febrero de 2021 y enero de 2022, se desperdiciaron 211 mil vacunas por diversas razones, según una respuesta del MinSalud a la Contraloría. Pero el gobierno de Duque y las farmacéuticas acordaron reponer esas dosis. Dos farmacéuticas, que prefirieron no revelar cuáles eran, le dijeron a La Silla que actualmente no hay gestión del Ministerio para reponer más dosis. El MinSalud respondió que en total fueron 255.850 dosis las que se repusieron.
Airfinity, una consultora global sobre enfermedades, estimó a mediados de 2022 que, en el mundo, los desperdicios de vacunas contra el covid podrían llegar al 10 por ciento. La alianza para la vacunación, Gavi, que busca mejorar el acceso equitativo a las vacunas, dijo que una pérdida de 5 por ciento de vacunas covid es considerada como aceptable. Colombia ya superó esa cifra.
El Ministerio de Salud compartió las cifras de las vacunas que no se habían aplicado hasta el 31 de julio de 2023. De esas, poco más de un millón y medio de dosis de Janssen vencían el 31 de agosto de 2023, o sea que tendrían que haberse aplicado en un mes, algo que parece imposible a juzgar por el número de dosis aplicadas en junio (último mes para el que hay información disponible), cuando se pusieron 35 mil vacunas.
Es muy probable, entonces, que la mayoría de esas dosis se hayan perdido. Con eso ascenderían a casi nueve millones y medio, un 10,3 por ciento respecto a las dosis aplicadas, equivalentes a cerca de 362 mil millones de pesos (94,6 millones de dólares).
La Controlaría solo ha hecho dos actuaciones especiales para revisar la correcta ejecución de los recursos destinados a la vacunación contra el covid en 2021, cuando las dosis perdidas fueron de 211 mil y se repusieron, según el Ministerio de Salud.
La oficina de comunicaciones de ese órgano de control respondió que las actuaciones sobre las pérdidas registradas en 2021 se programaron como parte del Plan Nacional de Vigilancia y Control Fiscal de 2022. Pero no se ha pensado hacer un control similar para lo ocurrido en 2022 y 2023: “no creo que se haya vuelto a programar para 2023 por una razón muy poderosa: se decretó el fin de la pandemia y se acabó la vacunación”, anotaron, a pesar de que la vacunación continúa.
Los expertos coinciden en que en medio de la situación de emergencia, lo último que se le podría reprochar a un gobierno sería que compró demasiadas vacunas. “El Ministerio tenía que presentar disponibilidad del biológico porque, si toda la gente quisiera vacunarse, ¿cómo acceden a vacuna?”, dijo el infectólogo Carlos Saavedra, coordinador del Consenso colombiano de atención, diagnóstico y manejo de la infección por covid.
El exministro de Salud Fernando Ruiz dice que compraron vacunas para el 70 por ciento de la población, pero en el camino llegaron ofertas de donaciones (en momentos en los que el suministro directo se podía demorar). “¿Qué decisión tomas? ¿Haces esperar a tu población asumiendo el riesgo de que eso cause más muertes? O ¿tomas las vacunas donadas a sabiendas de que te pueden sobrar algunas de las que adquiriste?”, plantea el exministro.
Pero las pérdidas son aceptables dependiendo de las razones que las explican, la época en la que se producen y su proporción comparada con la cobertura de la vacunación. “La pérdida es un costo aceptable si logras altos niveles de cobertura”, dice la farmacoepidemióloga Claudia Vaca.
La Silla encontró que más de la mitad de todos los desperdicios de vacunas se dieron entre julio y agosto de este año: 4.1 millones dosis.
A lo largo de los meses, así fueron los desperdicios de vacunas:
Entre enero y mediados de agosto de 2023 se vencieron 6,2 millones de vacunas, el 80 por ciento de todos los desperdicios. Y entre julio y mediados de agosto se concentró el 52 por ciento de las pérdidas.
De estas, 4 millones fueron reportadas como desperdiciadas en la zona franca en Bogotá; es decir, se vencieron antes de que se distribuyeran a las entidades territoriales. De estas, 3.1 millones fueron por vencimiento y las 900 mil restantes por fallas de fabricación. En su mayoría, esas vacunas tenían entre 5 y 11 meses para aplicarse.
El lote con mayor pérdida de los últimos dos meses fue uno de Moderna, adquirido mediante Covax, mecanismo de acceso mundial a las vacunas contra el covid. De casi 1,4 millones de vacunas, se vencieron poco menos de 1,2 millones (un 93 por ciento). Habían llegado al país el 21 de julio de 2022, a pocos días de la posesión de Petro como presidente. Las vacunas vencían en enero de 2023 (casi seis meses después de su arribo). Pero estuvieron guardadas hasta que se vencieron.
Lo mismo pasó con un lote de Janssen que fue donado. De un millón de vacunas, se vencieron casi 993 mil (un 98 por ciento). Las vacunas llegaron el 3 de julio de 2022 al país y, a pesar de que vencían 10 meses después, estuvieron guardadas en bodegas de la zona franca hasta que caducaron.
Los datos entregados por el Ministerio de Salud clasifican cada desperdicio de vacunas según diferentes razones como se observa en la gráfica:

De las 7,8 millones de vacunas que está confirmado que se desperdiciaron, 51 por ciento del total fueron por vencimiento; el 24 por ciento fueron por política de frascos abiertos (que se da cuando no llegan las personas suficientes a vacunarse dentro del tiempo que puede estar abierto un recipiente de vacuna), y el 14 por ciento por fallas de fabricación o calidad. Entre estas están, por ejemplo, que el producto no tenga etiqueta, que su coloración cambie o que la caja esté incompleta.
Otros vencimientos se evitaron porque en diferentes momentos, como consta en esta resolución del MinSalud de junio, el Invima amplió la fecha de vencimiento de las vacunas a solicitud de la farmacéutica. En 2022, esa entidad amplió la vida útil de vacunas como Sinovac (de 6 a 24 meses) y Pfizer (de 9 a 12 meses), así como en noviembre a 15 meses siempre que estuvieran bajo temperaturas de -90 °C y -60 °C. Y en febrero de 2023 nuevamente se amplió la vida útil de las vacunas de Pfizer a 18 meses. Después no hay registro de nuevas ampliaciones.
La pérdida del 51 por ciento de las vacunas por vencimiento y en los últimos dos meses señalan una ausencia de un plan de choque del gobierno para lograr que la gente se motive de nuevo a vacunarse por razones de salud pública.
“Estaba previsto que, con el tiempo, iba a haber una mayor cantidad de pérdida de vacunas”, dijo Gerson Bermont, exgerente covid durante el gobierno de Duque. Él lo atribuye, por ejemplo, al hecho de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró en mayo de 2022 el fin de la emergencia por la pandemia.
“Cuando ya la percepción del riesgo disminuye, aumenta la responsabilidad, tanto del Ministerio y de las entidades territoriales, de hacer una muy buena campaña de comunicación, de información y de prevención, de continuar completando los esquemas de vacunación”, agrega Bermont.
Las vacunas se vencen a pesar de que un 30 por ciento de los colombianos aún no tiene las dos primeras dosis (esquema completo) contra el covid.
En agosto de 2022, había casi 36,5 millones de personas con esquemas completos de vacunación. Nueve meses después, en abril de 2023, solo había aumentado un 1,7 por ciento: pasó a poco más de 37 millones.
En ese mismo período, las dosis de primer refuerzo aumentaron un 9 por ciento. Según el MinSalud, todas las personas mayores de 12 años deberían tenerla, pero solo un 34,5 por ciento cumple esa condición.

Las únicas que tuvieron un avance significativo fueron las de segundo refuerzo, que subieron en un 50 por ciento en los últimos nueve meses. Aun así, solo un 6,3 por ciento de las personas mayores de 18 años (a quienes se recomienda que se la apliquen) la tienen.
Colombia es el penúltimo país en cobertura de esquemas completos, primeros refuerzos y segundos refuerzos (con respecto a su población total) al compararlo con Guatemala, Perú, Brasil, Argentina, Uruguay y Chile, solo superado por Guatemala. Su vacunación también es lenta: está en el tercer lugar de los países que menos dosis aplicaron en junio de 2023 (último dato disponible) con respecto a su población, por debajo de Guatemala y Uruguay.

En septiembre de 2021 se rompió la tendencia creciente de vacunación. Las vacunas aplicadas pasaron de 1.1 millones, en agosto de 2022, a 696 mil, un mes después. Luego, a 144 mil, en febrero de 2023, y a 35 mil vacunas aplicadas, en junio de 2023. Una caída estruendosa.

Para mediados de agosto, el país tenía 5.5 millones de vacunas pendientes por aplicar. 1.5 millones vencían el 31 de agosto. Y las 4 millones restantes vencen entre finales de septiembre, mediados de noviembre e inicios de diciembre. Para aprovecharlas, el país tendría que aplicar 1 millón de vacunas cada mes, 28 veces las dosis que aplicó en junio. De no aumentar sustancialmente las vacunas que se aplican, posiblemente la mayoría de esas vacunas también se perderán.
“Si pese a que hay vacunas disponibles y grupos poblacionales que pudieran beneficiarse, caen los ritmos de vacunación de una manera tan alta, quiere decir que no se están haciendo los esfuerzos adicionales, ni en términos de cobertura, ni en términos de mejorar la confianza de las personas en la vacunación”, cuestionó la farmacoepidemióloga Claudia Vaca.
“La mejor forma de hacer que la gente se porte bien es el miedo. Y, como el Ministerio disminuyó la alerta sanitaria, entonces la gente está convencida de que la pandemia ya pasó”, dijo Carlos Saavedra, coordinador del Consenso colombiano de atención, diagnóstico y manejo de la infección por covid.
Frente a esto, los expertos consultados indican que no se evidencia que el Ministerio de Salud esté haciendo una campaña masiva de comunicación del riesgo: “¿Dígame cuántas veces ha visto, en los últimos meses, comerciales o programas que hablen y que inciten a que las personas se vacunen?”, cuestionó la epidemióloga Silvana Zapata.
En respuesta a un derecho de petición, el Ministerio de Salud atribuyó la caída de la vacunación a una reducción de la demanda de las personas por la vacuna, “a pesar de la disponibilidad de los biológicos y el despliegue de estrategias de comunicación implementadas para incentivar la vacunación”. Sobre cuál eran esas estrategias de comunicación, resaltaron la difusión en redes sociales de piezas motivando a la vacunación.
Sin embargo, sí existe una falta de incentivos comunicativos al juzgar por las publicaciones en redes sociales del Ministerio de Salud alusivos a la vacunación. Así lo muestran la cantidad de trinos con las palabras “covid”, “vacunación” o “vacuna” que ha hecho esa cuenta en Twitter (hoy X).

Pero, más allá de la omisión, ha habido al menos tres casos de demoras del MinSalud que han tenido un impacto negativo en que la vacunación aumente por lo menos en poblaciones estratégicas.
Como contó La Silla, la ministra de Salud, Carolina Corcho, recién llegada al ministerio, en agosto de 2022, dijo que había 873 mil vacunas represadas y próximas a vencerse. “Durante los próximos días se van a hacer los ajustes respectivos de los lineamientos para las edades de vacunación, para que el país pueda reforzar la vacunación”, dijo. Se refería a una resolución para que las personas de 13 a 49 años pudieran aplicarse las segundas dosis de refuerzo.
Casi tres semanas después, la ministra Corcho fue cuestionada en un debate de control político en la Cámara de Representantes por no haber sacado la resolución. Un día después la firmó.
Por otro lado, en enero de 2023, la secretaria de Salud del Valle, María Cristina Lesmes, le dijo a El País de Cali que teniendo en cuenta el vencimiento de las vacunas, desde diciembre le había solicitado a la ministra Corcho que autorizara la quinta dosis para el personal de salud y para personas con enfermedades crónicas y con alta susceptibilidad de tener un covid grave y perder la vida.
Esa autorización llegó seis meses después. El 21 de junio de 2023, el Ministerio de Salud sacó la resolución que prioriza a las gestantes, los mayores de 60 años, la población con comorbilidades y el talento humano en salud para recibir una quinta dosis.
La tercera muestra de demoras en la gestión del ministerio tiene que ver con las vacunas pediátricas. En enero, el Invima autorizó el uso de la vacuna de Moderna para niños entre los 6 meses y los 5 años.
Entre el 4 de abril y el 9 de mayo, el país recibió 1,2 millones de dosis pediátricas que estuvieron guardadas entre dos y tres meses, esperando la resolución del Ministerio que las asignara a las entidades territoriales, algo que sólo sucedió el 11 de julio de este año. Las vacunas vencen el 16 de noviembre de 2023. Es decir, las entidades deben aplicar 1.2 millones de vacunas en cuatro meses. Eso significa que tendrían que aplicar, en promedio, 300 mil vacunas al mes, cuando en junio se aplicaron apenas 35 mil.
Para Acemi, el gremio más grande de EPS, la entrega tardía de las vacunas y la renuencia de los padres para vacunar a sus hijos explican el bajo ritmo de vacunación.
Según ese gremio, en una reunión del 22 de agosto, el MinSalud hizo un llamado a las diferentes entidades del sector para hacer al menos cinco jornadas para aumentar la vacunación contra el covid y otras enfermedades hasta diciembre. Pero “además de esto, no conocemos de campañas de información adelantadas por parte del ministerio”, señaló Acemi.
Las vacunas bivalentes son aquellas que, además de proteger contra la cepa original del covid, traen modificaciones para combatir los linajes BA.4 y BA.5 de la variante ómicron, que es la que tiene mayor circulación ahora.
Según Andrés Vecino, investigador de la escuela de Salud Pública de la Universidad de Johns Hopkins, la efectividad en reducción de hospitalización por ómicron (que es la variante que más circula), de vacunas monovalentes (las que se aplican en el país) es 25,2% versus un 58,7% de las bivalentes.
Pero, a pesar de que países como Reino Unido, Estados Unidos y Canadá empezaron a aprobarlas y aplicarlas desde agosto de 2022, a Colombia no han llegado. En la región, Chile fue el primer país que recibió vacunas bivalentes en septiembre de 2022. Otros países como Perú (donde es ahora la única permitida), Argentina y Paraguay ya vacunan con estas dosis, pero Colombia no, a pesar de que las tiene contratadas desde agosto del año pasado con la farmacéutica Moderna.
El país firmó el 4 de febrero de 2022, un contrato para adquirir 10,8 millones de vacunas de Moderna a un precio de 16,7 dólares por dosis. El 5 de agosto de 2022, el gobierno de Iván Duque hizo una modificación y acordó con la farmacéutica que 3,8 millones de dosis que estaban pendientes de entrega fueran de la nueva vacuna mejorada de Moderna. Para eso estimaron que la autorización de uso de emergencia en el Invima saldría el 30 de septiembre de 2022 y que las vacunas llegarían en el último trimestre del año.
En febrero de 2023, ya en el gobierno Petro, se decidió que de las 3,8 millones de dosis, 2,6 serían bivalentes y el resto pediátricas (que ya están en el país). El contrato del gobierno con Moderna, al que tuvo acceso La Silla, dice que ya se pagó el 40 por ciento de las 10,8 millones de dosis. Es decir, 72,3 millones de dólares. El resto del pago debe hacerse cuando se entreguen todas las vacunas.









