Abelardo De La Espriella promete tomar juramento del cargo en una guarnición militar para resaltar los valores de la fuerza pública.
El entonces candidato presidencial Abelardo De La Espriella prometió una posesión presidencial diferente a la de sus antecesores. Los mandatarios siempre se han juramentado en la plaza de Bolívar, con el edificio del Congreso de la República a su espalda, y después transitan una de las calles del centro de Bogotá que conecta ese espacio con la Casa de Nariño.
El ritual ha sido el mismo: la juramentación se celebra en la plaza, en las horas de la tarde de ese día festivo, y el presidente del Congreso toma la promesa que hace el jefe de Estado de liderar el destino del país por los próximos cuatro años, para luego juramentar al vicepresidente.

El rito contempla que el nuevo presidente y el vicepresidente pronuncien un discurso a la nación y luego caminen hacia la Casa de Nariño, en compañía de su familia. Allí son recibidos por el personal que trabaja para la Presidencia y se hace un recorrido en el que suelen participar quienes integran la administración saliente y el nuevo Gobierno. Es un protocolo de diplomacia política.
De La Espriella ha hablado de un “cambio de orden” con su llegada al Gobierno y esa determinación también contempla una variación en los protocolos preestablecidos para asumir la jefatura del Estado. En palabras del mandatario electo: “El país va a cambiar para siempre y para bien”.
El presidente electo se juramentará en el cargo en una guarnición militar. Sin embargo, su equipo no ha confirmado cuál será el batallón que albergue esa ceremonia, argumentando motivos de seguridad, pues el mandatario electo estuvo amenazado durante toda la campaña y los pormenores de sus apariciones solo se confirmaron instantes antes de cada desplazamiento.

De La Espriella quiere un evento con los parámetros de las Fuerzas Militares, en lo que ha descrito como una ceremonia “solemne” mediante la que brindará honores a los policías y soldados del país. “No quiero pompas, no quiero fiesta, no quiero protocolos, no quiero cocteles. Yo detesto todos esos protocolos”, expresó en una entrevista con SEMANA. Aunque el sitio no está confirmado, se especula que buscaría que ese evento se celebre en un batallón ubicado en el Caribe colombiano.
El abogado afirma que fue elegido presidente para trabajar, y no para participar en esos actos públicos. Promete hacerlo 20 horas al día a fin de conseguir sus objetivos para el país y recorrer cada semana un territorio diferente con el propósito de gobernar desde las regiones, y no desde su escritorio en Bogotá. Entre sus compromisos también está la idea de no hacer viajes internacionales.

Así las cosas, al menos De La Espriella no sería quien reciba las llaves de la Casa de Nariño tras la ceremonia del 7 de agosto, en la que Gustavo Petro le traspasará el poder presidencial, rol que ostentará hasta 2030.




