Por: Yasher Bolívar Pérez
En medio del ruido, Alfredo Arias eligió la estadística como escudo y la clasificación como argumento. El técnico uruguayo reivindicó la campaña de Junior tras finalizar segundo en el todos contra todos con 35 puntos y aseguró que los cuestionamientos al rendimiento del equipo desconocen una realidad elemental: los resultados no se sostienen desde la improvisación. “Jugando mal no ganas”, sentenció, al remarcar que el conjunto barranquillero fue uno de los más eficaces del campeonato incluso en medio de lesiones, rotaciones y el traslado obligado del Metropolitano al Romelio Martínez.
Arias insistió en que el objetivo central sigue intacto: revalidar el título de Liga conseguido en diciembre y competir hasta donde sea posible en la Copa Libertadores. Según el entrenador, Junior llega a esta etapa con una estructura institucional cohesionada —cuerpo técnico, jugadores, directivos e hinchada— y con un plantel que, pese a sus irregularidades, ha sabido responder cuando el torneo exigió puntos. La remontada 4-3 ante Pasto, luego de un primer tiempo deficiente, fue utilizada por el DT como una prueba de carácter y profundidad de nómina antes del duelo crucial frente a Cerro Porteño.
El uruguayo también salió a contener el incendio alrededor de Jermein Peña tras su nueva expulsión. Sin desconocer la gravedad de la reincidencia, Arias pidió no convertir el error deportivo en una condena personal y aseguró que el club tomará medidas para corregir una conducta que ya afecta seriamente al equipo. El mensaje es doble: defensa pública, advertencia interna. Junior entra en la fase decisiva de la temporada con resultados que lo respaldan, pero con tensiones futbolísticas y disciplinarias que aún no terminan de resolverse.









