Por: Yasher Bolívar Pérez
Atlético de Madrid sumó una nueva frustración en su historial reciente tras perder la final de la Copa del Rey ante la Real Sociedad en la tanda de penales (4-3), luego de un empate 2-2 en los 120 minutos. El equipo de Diego Simeone, que ya había mostrado dificultades durante el desarrollo del encuentro, reaccionó en momentos puntuales pero no logró sostener la ventaja ni imponer condiciones en un partido que evidenció sus fisuras estructurales.
La final comenzó cuesta arriba para los rojiblancos con un gol tempranero de Ander Barrenetxea, al que respondieron con anotaciones de Ademola Lookman y Julián Álvarez, este último clave para forzar la prórroga. Sin embargo, la Real Sociedad volvió a golpear desde el punto penal a través de Mikel Oyarzabal, en un duelo que expuso la vulnerabilidad del Atlético en el juego aéreo y su dependencia de individualidades para mantenerse competitivo.
En la definición desde los doce pasos, los errores condenaron al conjunto madrileño: fallos de Alexander Sorloth y Julián Álvarez facilitaron la consagración del equipo vasco. Más allá del resultado, la derrota reabre el debate sobre la capacidad del Atlético para traducir su competitividad en títulos, una tensión recurrente que vuelve a instalar preguntas sobre su proyecto deportivo en los momentos decisivos.








