El fútbol global acaba de registrar un precedente que difumina por completo las fronteras entre la política de Estado y la justicia deportiva. En un giro que ha dejado atónita a la comunidad internacional, la FIFA decidió suspender la sanción del goleador estadounidense Folarin Balogun, permitiéndole jugar el trascendental partido de octavos de final contra Bélgica. ¿La clave detrás del milagro? Una llamada directa desde los despachos de Donald Trump a la cúpula del fútbol mundial.
La trama, que se manejó bajo estricto secretismo, comenzó a tejerse el pasado miércoles 1 de julio, minutos después de que Balogun viera la tarjeta roja directa ante Bosnia y Herzegovina por un polémico pisotón. Según fuentes cercanas al caso consultadas por la agencia AFP, Trump descolgó el teléfono ese mismo día para comunicarse con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, con quien mantiene una conocida relación de cercanía.
El resultado de esa gestión política se materializó este domingo: la Comisión Disciplinaria de la FIFA aplicó el inusual artículo 27 de su Código Disciplinario para dejar la sanción del delantero en “período de prueba” por un año. El festejo no tardó en llegar a las redes sociales. “¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!”, celebró Trump en su plataforma Truth Social a los pocos minutos del anuncio oficial.
La furia de Bélgica frente a un beneficio sin precedentes
La resolución ha caído como una bomba en el campamento europeo. La Real Federación Belga de Fútbol (RBFA) no tardó en emitir un comunicado donde se declaró “asombrada”, denunciando que la medida “contradice directamente las disposiciones del reglamento”, el cual estipula de forma taxiva que una tarjeta roja directa acarrea una suspensión automática para el siguiente encuentro. Mientras los abogados belgas estudian recursos legales a contrarreloj, el fantasma del trato de favor hacia el país coanfitrión ya planea sobre el torneo.
Por su parte, el entorno del Team USA respira aliviado. El director técnico, Mauricio Pochettino, quien desde el primer minuto calificó la expulsión de “accidente futbolístico”, ve blindado su esquema ofensivo con el regreso de su máximo artillero (autor de 3 tantos en la copa). Incluso figuras de la política de Washington, como el secretario de Estado Marco Rubio —quien llegó a asegurar públicamente que a la selección la habían “jodido”—, celebraron un desenlace que devuelve la máxima presión a la cancha.
Con Balogun milagrosamente habilitado y los ánimos caldeados en los escritorios, Estados Unidos y Bélgica se verán las caras este lunes en Seattle. Lo que inicialmente era un cruce de octavos de final de alto calibre, ahora se ha transformado en un duelo de alta tensión geopolítica donde el arbitraje y la lupa del mundo entero estarán bajo máxima observación.









