La vida de un hombre en Barranquilla parece costar lo que vale un teléfono inteligente de gama media y una recarga de 20 mil pesos. Esa es la dolorosa ecuación que hoy tritura el alma de la comunidad Wayúu y de los habitantes del barrio La Ceiba, tras el asesinato de Edinson Pushaina Epiayú, un joven de apenas 20 años cuyo único pecado fue detenerse en la tienda equivocada, en el momento más maldito de su rutina.
Era un miércoles cualquiera. Edinson, conocido por sus allegados como un muchacho camellador y serio, se ganaba la vida haciendo domicilios. Salió del establecimiento donde trabajaba para entregar un pedido, cumplió la misión y, de regreso, decidió parar en una tienda del sector. Quería meterle saldo a su celular, un aparato que paradójicamente se había comprado hacía apenas ocho días con el sudor de su frente. Hizo la transacción, se quedó unos minutos mirando la pantalla y el destino se le vino encima.
Segundos de terror grabados en video
La muerte llegó en segundos y quedó registrada en el frío lente de una cámara de seguridad que hoy circula como testimonio de la barbarie. Dos delincuentes aparecieron en escena con el libreto de la violencia ensayado. Uno de ellos abordó a Edinson de forma brutal. No hubo negociación, no hubo tiempo de reacción.
En medio del forcejeo por arrebatarle sus pertenencias, el criminal le hundió una hoja de metal en el abdomen. Con la víctima herida de muerte y desangrándose, el asaltante no mostró un rastro de piedad: le arrancó el canguro del pecho, le quitó el teléfono recién comprado y huyó junto a su cómplice, dejando atrás el cuerpo desplomado del joven.
“Se había comprado el celular hace ocho días. Estaba feliz con su teléfono nuevo, trabajando para pagarlo, y miren cómo me lo matan por un pedazo de plástico”, lamentó un allegado de la víctima bajo el anonimato y la indignación.
Una batalla perdida en el hospital
Vecinos y testigos de la escena reaccionaron de inmediato ante los gritos de auxilio. En un intento desesperado por salvarle la vida, Edinson fue cargado y trasladado de urgencia hasta las camillas del Nuevo Hospital Barranquilla. Sin embargo, el daño estaba hecho. La puñalada había comprometido órganos vitales y, tras varias horas de agonía en el quirófano, los médicos tuvieron que salir a dar la peor noticia a sus familiares.
Con la muerte de Edinson Pushaina, la comunidad Wayúu pierde a un joven con futuro y Barranquilla suma una nueva cruz a su alarmante estadística de homicidios por hurto. Las autoridades locales ya tienen en su poder los videos de seguridad para identificar al homicida, pero en las calles de La Ceiba el sentimiento es el mismo de siempre: una mezcla de miedo, impotencia y la certeza de que la seguridad en la ciudad se sigue saliendo de las manos.









