Lo que comenzó como una mañana de extrema tensión en pleno corazón administrativo de Barranquilla terminó convirtiéndose en un insólito malentendido. La aparición de un bulto de gran tamaño envuelto en una manta sobre la calle 40, entre carreras 44 y 46, encendió de inmediato las alarmas de los transeúntes, quienes, sumidos en la psicosis por la reciente ola de inseguridad, dieron por hecho que se trataba de un cuerpo humano.
La escena, ubicada a escasos metros del Centro Cívico, provocó varios minutos de angustia y un rápido despliegue de la Policía Metropolitana. Los uniformados acudieron al lugar con la urgencia que ameritaba el reporte ciudadano, listos para acordonar la zona y esperar a las unidades de criminalística.
Sin embargo, al proceder con las respectivas verificaciones y levantar el cobertor, llegó el parte de tranquilidad para el sector: no se trataba de una víctima de homicidio, sino del cadáver de un perro de gran tamaño que algún ciudadano decidió abandonar de forma irresponsable en plena vía pública.
El peso de la zozobra colectiva
Aunque las autoridades no han emitido un pronunciamiento oficial de cierre, los reportes e imágenes de los ciudadanos que presenciaron la inspección confirmaron el hallazgo del canino, desvirtuando por completo la hipótesis del hallazgo de un cuerpo humano que ya empezaba a viralizarse en redes sociales.
Este episodio deja en evidencia el estado de vulnerabilidad y alerta constante en el que se encuentra la ciudadanía de Barranquilla, donde cualquier bulto sospechoso en la calle evoca de inmediato el peor de los escenarios judiciales. Por fortuna, esta vez solo se trató de una mala conducta ciudadana en el manejo de un animal fallecido y no de un nuevo capítulo de sangre en la ciudad.








