Giros drásticos y ambigüedad: La sombra de la Constituyente que el Petrismo no logra enterrar
El panorama político colombiano tras los recientes comicios presidenciales sigue moviéndose en aguas turbulentas. En una sorpresiva maniobra de repliegue, tanto el presidente Gustavo Petro como su candidato, el senador Iván Cepeda, salieron públicamente a anunciar el desmonte de la polémica propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente. Sin embargo, detrás del discurso de “paz política”, analistas y veedores advierten que la controvertida iniciativa no está muerta, sino guardada estratégicamente en la recámara.
La decisión de dar un paso atrás responde a un golpe de realidad en las urnas, luego de la dura derrota electoral sufrida el pasado domingo frente a Abelardo de la Espriella. Pese a que el mandatario y Cepeda han optado por no reconocer formalmente los resultados —una postura que ha encendido las alarmas democráticas por su similitud con modelos autocráticos de la región—, el costo político los obligó a recalcular una propuesta que generaba un profundo pánico económico y social en el país.
El plan de gobierno contradice el discurso
Aunque figuras de centro como Juan Fernando Cristo insisten en que la reforma extrema de la Carta Magna está fuera de la agenda y que el camino será exclusivamente el Congreso, los documentos oficiales de la campaña de Cepeda cuentan una historia diferente.
Al revisar minuciosamente su programa de gobierno —el cual funciona como una compilación de sus principales posturas doctrinales—, la ambigüedad salta a la vista:
El concepto clave: La expresión “poder constituyente” aparece mencionada un total de 23 veces a lo largo del documento.
La cláusula de escape: Aunque el término “asamblea nacional constituyente” solo figura una vez, está ubicado en un punto crítico: el apartado ‘El Acuerdo Nacional soportado sobre el poder constituyente’.
El mecanismo: El texto estipula explícitamente que, tras definir una agenda de reformas, uno de los mecanismos válidos para implementar dichos cambios sigue siendo, textualmente, “una asamblea nacional constituyente” o el uso de vías expeditas.
La advertencia de los expertos: Para analistas como Jairo Libreros, este repentino distanciamiento de la Constituyente es pura cosmética electoral. Libreros califica la postura de “tibia” y ambigua, señalando que nada garantiza que, pasada la marea electoral del 22 de junio, el petrismo no vuelva a enarbolar la bandera constituyente, sin importar si ganan o pierden en el conteo definitivo.
Un repliegue forzado por la división nacional
El propio presidente Petro justificó el retiro de la iniciativa ante la Registraduría por parte del comité promotor argumentando que “la profunda división ciudadana no permite que el constituyente se convoque a sí mismo”. Una admisión de que el consenso que buscaban imponer a la fuerza simplemente no existe.
La moneda está en el aire. Mientras el discurso oficial migra hacia la narrativa de un “Gran Acuerdo Nacional”, las bases programáticas escritas del proyecto político de izquierda mantienen abierta la puerta jurídica para cambiar las reglas del juego democrático en el momento en que las fuerzas políticas les sean favorables.








