Lo que comenzó como una tarde de diversión en las paradisíacas playas de Barú se transformó en una pesadilla de más de quince horas a la deriva. Luciana Dangond Farah y Jerónimo Ibarra Cavalli, originarios de Montería y Cartagena respectivamente, sobrevivieron para contar cómo el mar Caribe los puso a prueba tras desaparecer el pasado domingo en la bahía de Barbacoas. Hoy, se recuperan sanos y salvos junto a sus familias.
Diez minutos que cambiaron todo
El domingo por la tarde, la pareja alquiló una motonave tipo jet ski con la intención de recorrer la zona insular de Cartagena. Sin embargo, el destino les tenía preparada una trampa: a tan solo diez minutos de haber zarpado, el motor de la embarcación se apagó por completo.
Sin propulsión, la fuerza de la marea comenzó a arrastrarlos rápidamente hacia el interior del océano. En un intento desesperado por salvarse, tomaron una decisión crítica: lanzarse al agua para intentar nadar hacia la orilla. Pero la distancia era engañosa; se encontraban ya a unos dos kilómetros de la costa. Al dejar la moto acuática, esta flotó sin rumbo fijo, dejándolos a ellos completamente vulnerables, flotando en la inmensidad del mar apoyados únicamente por sus chalecos salvavidas.

Una noche de terror en la oscuridad
La noche cayó y con ella el frío, el cansancio y la incertidumbre. En medio de la penumbra, la Armada Nacional desplegó un operativo de búsqueda que los jóvenes alcanzaron a percibir, aumentando la tensión de la espera.
“Nos amarramos los chalecos y en la madrugada veíamos los helicópteros de la Armada, pero por la oscuridad era difícil que nos vieran”, relató Jerónimo, recordando la impotencia de ver la ayuda pasar de largo.
Para Luciana, el impacto emocional fue demoledor. “Lo sufrí, todo fue trágico porque hubo un punto en el que de verdad pensé que nos íbamos a morir”, confesó tras el rescate.
El nado por la supervivencia y el reencuentro
El milagro comenzó a fraguarse con los primeros rayos del sol del lunes. Aprovechando la luz del amanecer, ambos sacaron fuerzas de donde no las tenían y nadaron hasta alcanzar la costa de las islas del Rosario.
Al llegar a tierra firme, los pobladores nativos del sector les brindaron los primeros auxilios de inmediato. Poco después, efectivos de la Armada Nacional llegaron al punto para trasladarlos a un puesto de salud local. Tras verificar que se encontraban estables, un helicóptero de la institución los transportó de regreso a Cartagena para un emotivo reencuentro con sus familiares.
Como prueba de la fuerza de las corrientes, horas antes de que los jóvenes aparecieran, la Armada había localizado la moto acuática en altamar, a la altura de San Onofre, Sucre, a kilómetros de distancia del punto inicial, lo que demuestra la magnitud de la emergencia de la que Luciana y Jerónimo lograron escapar con vida.









