La indignación se ha tomado las calles de la ciudad. El antiguo Hospital San Juan de Dios, joya arquitectónica y testigo silencioso de nuestra historia, está siendo intervenido en lo que ciudadanos y defensores del patrimonio califican como un atropello contra la identidad samaria.
¿Qué está ocurriendo?
Las alarmas se encendieron cuando testigos reportaron maquinaria y personal realizando obras de demolición en las estructuras externas del complejo. Según las denuncias que han llegado a nuestra sala de redacción, un sacerdote vinculado a la Iglesia San Juan de Dios habría ordenado una serie de acciones “a puerta cerrada” que incluyen:
Demolición de estructuras externas: Cambiando irremediablemente la fachada histórica.
Destrucción de elementos originales: Remoción de rejas, alteración de pisos y muros que datan de épocas fundamentales para la ciudad.
Ecocidio: Denuncian la tala de árboles centenarios dentro del sector, acabando con el pulmón verde del predio.
¿Dónde están los permisos?
La gran pregunta que hoy retumba en el Centro Histórico es: ¿Quién autorizó esto?
Hasta el momento, no se conocen licencias de curaduría, permisos de Planeación Distrital, ni avales del Ministerio de Cultura para intervenir un bien de interés patrimonial. La comunidad advierte que, si no hay un freno inmediato, podríamos perder una pieza irremplazable de nuestra historia por el capricho de particulares.
“Es un golpe al corazón de Santa Marta. Ese hospital es parte de lo que somos, y no pueden simplemente llegar a demolerlo como si fuera una casa cualquiera”, comentó un ciudadano indignado a través de nuestras redes.
¡Exigimos respuestas!

L comunidad hace un llamado urgente a las autoridades competentes, especialmente a la Secretaría de Planeación y a la Dirección de Cultura, para que:
Suspendan inmediatamente cualquier obra en el predio hasta que se presente la legalidad de los permisos.
Se realice una inspección técnica urgente para evaluar los daños ya causados al patrimonio.
Se identifique a los responsables detrás de esta orden y se apliquen las sanciones pedagógicas y económicas correspondientes.
La historia no se puede demoler. Santa Marta no puede permitir que la desidia o el interés particular pasen por encima de nuestro legado cultural.









