El conversatorio “derechos de los migrantes” fue moderado por el Procurador Delegado para la Defensa de los Derechos Humanos Néstor Iván Osuna Patiño, dejó como conclusiones los grandes retos que afronta el país dado el dinamismo de la migración, frente a la cual pasamos de ser un país con población que emigraba, a ser un destino con vocación de permanencia y, ahora a ser un país de tránsito, dado el retorno de migrantes a su lugar de origen. Lo anterior ha generado desafíos en materia humanitaria, en infraestructura, en modernización de políticas públicas eficientes, escalamiento de casos de xenofobia y una necesidad latente de rutas de atención para la protección de defensores de derechos humanos de los migrantes.
Si bien ha habido avances, la inclusión socio económica de migrantes en Colombia sigue manteniendo barreras por dilación en los trámites, falta de articulación y conocimiento de la normatividad aplicable y restricciones para acceder a servicios bancarios, seguridad social y otras necesidades que, al no tener una ruta clara, generan informalidad y, por tanto, inseguridad jurídica para aquellos migrantes que pretendan permanecer en el país.
De acuerdo con Migración Colombia, entre enero y junio de 2025 se identificaron 12.347 migrantes en flujo inverso, fenómeno compuesto principalmente por ciudadanos venezolanos, con presencia significativa de niños, niñas y adolescentes, y concentrado en corredores como Darién–Capurganá–Necoclí y zonas del Pacífico y frontera sur. La misma entidad advirtió que muchas de estas rutas están atravesadas por riesgos asociados a grupos armados ilegales, redes criminales, falta de servicios básicos, presión sobre comunidades locales e impactos ambientales en zonas frágiles.
Colombia, además, vive una movilidad internacional sin precedentes. En 2025 cerró con más de 21,7 millones de flujos migratorios, un crecimiento del 6 % frente a 2024; de ellos, más de 11,4 millones correspondieron a movimientos de colombianos, lo que demuestra que la migración es hoy un asunto estructural de la vida nacional y no un fenómeno aislado o pasajero.
Frente a este escenario, el país tiene retos urgentes: fortalecer la presencia institucional en fronteras; garantizar atención humanitaria inmediata; proteger a niños, niñas y adolescentes; prevenir la trata y el tráfico de personas; mejorar los sistemas de información; coordinar respuestas entre Nación, departamentos y municipios; promover rutas de regularización; y evitar que la migración sea utilizada para generar xenofobia, miedo o división social.
La migración inversa nos recuerda que detrás de cada cifra hay una historia, una familia, una necesidad y una esperanza. El verdadero reto de Colombia no es cerrar los ojos ante esta realidad, sino construir una política pública seria, humana y sostenible que proteja derechos, ordene la movilidad y convierta la crisis en una oportunidad de integración, desarrollo y dignidad.








