Por: Yasher Bolívar Pérez
La caída de Junior 2-0 frente a Sporting Cristal en Copa Libertadores no solo dejó preocupación por el resultado, sino también una fuerte fractura interna expuesta públicamente. El arquero uruguayo Mauro Silveira responsabilizó de manera directa al defensor Jermein Peña por la derrota, luego de la expulsión sufrida al minuto 20, una acción que —según el guardameta— destruyó por completo el plan de juego diseñado por Alfredo Arias para un partido determinante en Lima.
Sin rodeos, Silveira calificó la acción del zaguero samario como una “falta de respeto” hacia todo el plantel y recordó que no es la primera vez que Peña compromete al equipo con una tarjeta roja. El portero fue enfático en señalar que revisó la jugada y que no existe discusión arbitral posible: “era roja”. Sus declaraciones, además de respaldar la molestia del cuerpo técnico, anticipan que en el camerino rojiblanco habrá conversaciones y posibles decisiones disciplinarias por la reincidencia del defensor.
Las palabras del arquero dejan en evidencia un Junior golpeado no solo futbolísticamente, sino también en lo anímico y en la convivencia competitiva. Perder en Libertadores duele; perder condicionados por errores repetidos, duele más. Y cuando la crítica ya no llega desde la tribuna sino desde adentro del vestuario, el mensaje es inequívoco: la paciencia se agota en Barranquilla.








