Con relación a los temerarios señalamientos y perfilamientos realizados por el candidato presidencial Abelardo De La Espriella contra distintos miembros de nuestra familia, incluyendo aquellas personas que no tienen ninguna relación con la vida pública ni con la actividad política, amenazándonos con retiros de visas e inclusiones en la lista OFAC, nos permitimos manifestar lo siguiente ante la opinión pública:
Lamentamos profundamente la precariedad argumentativa, la indiferencia frente al deber de informar con la verdad y el desprecio por cualquier parámetro ético y moral que caracterizan a la campaña presidencial del señor De La Espriella. Lejos quedaron los días en que figuras como Belisario Betancur, Alfonso López Michelsen, Luis Carlos Galán o Álvaro Gómez Hurtado protagonizaban intensas disputas ideológicas sin renunciar al rigor argumentativo, a la profundidad técnica y a la dignidad que exige aspirar a la Presidencia de la República.
También lamentamos que hoy se promueva una campaña electoral basada en una visión distorsionada de la vida pública, convirtiéndola en un escenario para la arrogancia, la agresividad y el espectáculo, en lugar de abordarla con el respeto que merece mediante la presentación de ideas sólidamente argumentadas, análisis serios de la realidad y propuestas de liderazgo real.
Fiel a esa visión caricaturesca de la democracia, el autodenominado “Tigre” De La Espriella ha hecho uso de su campaña presidencial y de su capacidad mediática para realizar toda clase de ataques políticos, cargados de acusaciones tendenciosas y carentes de soportes verificables, pero en todo caso lejanos a la construcción de propuestas concretas para el país.
Las calumniosas afirmaciones que realizó el día de ayer en contra nuestra y de tantos otros, sin haber aludido a la más mínima prueba que acreditara su dicho, sólo es una muestra más de su precaria forma de hacer política. Ante ello, no queda más que interponer las correspondientes acciones judiciales.
Colombia enfrenta retos trascendentales para su democracia y su futuro institucional. Por ello, resulta inaceptable reducir el debate presidencial a insultos, señalamientos infundados y espectáculos mediáticos. El país necesita dirigentes capaces de elevar la discusión pública discutiendo sobre información real, no degradarla mediante el recurso a acusaciones mentirosas.
Por nuestra parte, seguiremos defendiendo nuestras ideas con argumentos, nuestras causas con convicción y el derecho de nuestras familias a no ser convertidas en objeto de ataques infundados e inescrupulosos para perseguir fines políticos.
Deseamos que Colombia pueda ejercer adecuadamente su democracia.









