Por: Yasher Bolívar Pérez
El Manchester City se impuso 2-0 ante el Arsenal en Wembley y levantó el título de la EFL Cup en un partido que evidenció dos caras opuestas: la resistencia inicial y la contundencia final. El equipo de Guardiola sobrevivió a un arranque adverso, en el que el Arsenal dominó y estuvo cerca de abrir el marcador, pero la falta de eficacia terminó por pasar factura en el momento decisivo.
Durante la primera mitad, el conjunto londinense controló el ritmo y generó las opciones más claras, encontrando en Gyökeres y Saka sus principales amenazas, aunque se topó con una actuación determinante del arquero Trafford. El City, desdibujado y sin conexión ofensiva —con Haaland prácticamente anulado—, logró sostener el empate y aplazar el desenlace para un segundo tiempo donde el guion cambiaría de forma drástica.
La segunda parte marcó el punto de quiebre: errores puntuales del Arsenal, especialmente del portero Kepa, facilitaron el doblete de O’Reilly que sentenció el encuentro en pocos minutos. A partir de ahí, el City administró la ventaja con oficio, mientras el Arsenal, pese a intentarlo, chocó contra su propia ineficacia. Guardiola, una vez más, convierte la adversidad en resultado y suma un nuevo título que refuerza su dominio en el fútbol inglés.









